jueves, 8 de marzo de 2012

Notas de los primeros días de marzo


Querida lectora, feliz
Día Internacional de la Mujer.


3 DE MARZO

“TÍA, vamos al carnaval”, suplicaba Lizbeth un sábado a las 8 de la noche. La tía no quería ir, pues le tenía cierta reserva a ese tipo de eventos populares, no por el hecho de mezclarse con los ciudadanos, más bien por no ser parte del “pan y circo” que el gobierno estatal y municipal se afana a dar a los manzanillenses. También, debido a que ese día había leído las notas de la prensa local donde expresaron inconformidad por la actitud de diva a quien nombran actriz y cantante, Ninel Conde, durante su participación como reina del carnaval el día anterior.



“Tía, vamos al carnaval”, rogaba la sobrina. La mujer, con desánimo, accedió. Las dos pronto salieron de casa para dirigir sus pasos al crucero de San Pedrito por donde pasarían los carros alegóricos y la comparsa. Al arribar al espacio donde está el sitio de taxis, dos hombres ebrios dijeron piropos al verlas. Después cruzaron las vías de ferrocarril. Detrás, una multitud de gente estaba sobre la banqueta observando a los hombres y mujeres bailar al ritmo de la música en las plataformas de los tráileres adornados que avanzaban con lentitud. Estuvieron ahí cerca de una hora. Lo mejor que pudieron presenciar fue a un grupo de hombres guerreros montados sobre unos caballos reales, y el entusiasmo de la sociedad por estar frente al desfile de colores brillantes, escuchar las carcajadas, ver los rostros alegres y risas de los espectadores.
La espera que hizo la gente desde las 6 de la tarde valió la pena. Esa noche, el rey del carnaval fue un actor de Televisa, David Zepeda, quien de buena fe colaboró con la Cruz Roja municipal en asistir a una cena donde los fondos recaudados serían a beneficio de la institución; él no cobró nada. Otro de los momentos que puso a los asistentes contentos fue la famosa Afi Pri, una mujer de cinco décadas que transita muy feliz por las calles del puerto. Ella lucía un vestido largo, color verde limón, éste ceñido a su cuerpo, y una pequeña corona. Afi Pri repartía besos y saludaba al público que la aclamaba. Poco antes de las 9 de la noche, las familias apresuraban su andar, cargando una hielera y también a sus hijos. La multitud se esparció hacia el zócalo donde la fiesta apenas empezaría. La tía y Lizbeth regresaron a casa.

4 DE MARZO
Gladys leyó a través del Facebook el cartel virtual del Festival Internacional de Poesía Joven 2012, el 3 y 4 de marzo. El domingo 4, el programa anunciaba la lectura de poemas de poetas nacionales e internacionales en la explanada del Pez Vela, a las 19:00 horas. En la primera mesa de lectura: Indira Torres Cruz, Carlos Giffard, Yoshie Rivera, Beth Rivera y Julio Serrano; en el intermedio, lecturas multidisciplinarias: Cristóbal Barreto, Jin Poggy y Óscar René Robles, y en la segunda mesa de lectura: Justine Hernández, Ihovan Pineda, Tania Davies, Grace Licea y Miguel León Govea.
Una hora antes de las lecturas, Gladys salió de casa para abordar un camión urbano y dirigirse al centro. Llegó un poco antes de la hora, pero cuando se hicieron las 7 de la noche, la poesía estaba en el mar, no con los poetas que estuvieron ausentes. Nadie comentó sobre la cancelación de las lecturas de poemas, al menos por micrófono. Al parecer, el Festival Internacional de Poesía Joven 2012 que fue anunciado a pocos días de llevarse a cabo, no tocó tierra porteña. Quizá lo mejor fue realizar el evento en un bar privado de la capital.
A Gladys le dio un poco de pena haber difundido la invitación, pero no pasó a más.

6 DE MARZO
“Maestra, usted no se asuste, no pasará nada”. Un alumno intentaba tranquilizar a su profesora, era la primera vez que le sucedía esto.
Eran como las siete y media de la noche, después de salir de clases de la Universidad Tecnológica de Manzanillo, cuando algunos compañeros y yo regresábamos a casa. En el camino nos encontró un comando de siete camiones, entre ellos de la Armada de México, policía estatal y otros. Bajaron de las camionetas hombres uniformados que dieron la instrucción  de detenernos en el terrenal. Lo hicimos.  “Apaguen los motores”, dijeron. El ruido de las motocicletas y los de los automóviles desaparecieron para escuchar la voz del sargento: “Muéstrenme sus identificaciones y tarjetas de circulación”. Mientras obedecía, voltee a ver a un amigo que sometían a revisión. Lo tenían de espaldas sobre la parte delantera de una camioneta. Por fortuna, nadie salió ileso ni tampoco encontraron droga. Sólo fue un retén de rutina que a veces realizan a los estudiantes de esa zona.
Al concluir el retén colectivo, la maestra se marchó nerviosa y el alumno tranquilo.


Elsa I.González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
el 08 de marzo de 2012
Manzanillo, Colima, México

domingo, 4 de marzo de 2012

Carril central


CUANDO J le cuestiona a I si vive en el cerro, ella ríe y se imagina a una mujer morena de estatura baja, rolliza y con muslos firmes.

 

I, de niña aprendió a mantener el equilibrio sobre dos ruedas en una banqueta inclinada de la cochera. A los vecinos –sus amigos– y a ella les encantaba andar en bicicleta. Juntos recorrían las calles, iban a la playa a dar vueltas por el malecón, hacían competencias de carreras y malabares. Cada uno, antes de montarla, debía limpiarla. Así que unas de las tareas principales consistían en lavarla, quitar el óxido de los rines, engrasar la cadena o acomodarla para que no se cayera en el próximo paseo.

Con el tiempo, algunos vecinos se cambiaron de casa; los otros sólo crecieron y olvidaron el placer que les provocaba andar en bicicleta.
El domingo pasado, el proyecto Vía Recreativa Manzanillo, que consiste en cerrar el carril central de la avenida Lázaro Cárdenas en Las Brisas, para que la población pueda caminar, ejercitarse, pasear a sus hijos y mascotas, continúa con éxito después de la inauguración –19 de febrero–.
En el espacio de cultura, una cuentacuentos llama la atención
de los niños por su personificación, vistiéndose de una manera peculiar, sobre todo por la buena lectura que realiza con las voces de los protagonistas de los cuentos; por otro lado, una persona obsequia un libro; también existe el taller de cerámica o de pintura, entre otras cosas, pero, en realidad, nulas son las expresiones artísticas en el espacio destinado para tal, más bien es una vitrina de talleres para infantes.
La sorpresa la dieron un grupo de raperos locales que deleitó a los visitantes con una canción de su autoría; después, al lugar arribó el musibús que transporta discos compactos de diversa música del mundo, café orgánico y dvd’s de películas ganadoras del Oscar, biografías y documentales para vender.
Dicho móvil viaja a varias partes de la República mexicana, en esta ocasión coincidió que estuviera el estado de Colima.
Lo interesante de este proyecto es percibir el vínculo de amistad que los paseantes hacen al estar cerca, compartiendo el mismo fin, “disfrutar una actividad sana”. Es genial ver que el desconocido le sonríe o saluda al otro que tampoco conoce.
Es típico ver que las patinetas de cuatro llantas son manejadas por hombres nacidos a principios de los 70, los patines de línea por adolescentes, avalanchas por niñas y patines del diablo en forma de “y” por criaturas nacidas en este siglo; las carriolas y bicicletas por mamás de todas las edades, bicicletas de dos asientos por un matrimonio joven, hombres casados y solteros correr en el asfalto, enseñándole al primogénito a andar sobre dos ruedas.
Un punto que deberían aprovechar en los 2.5 kilómetros que abarca la vía es la colocación de botes de basura con rótulos: desecho orgánico e inorgánico, poner contenedores para las baterías en desuso –éste podría ser un centro de acopio–, instruir a los adultos a hacer uso de las tres erres: reciclar, reducir y reusar, aunque lo ideal sería no consumir productos que contengan envases de plásticos o químicos que dañen el medio ambiente, con el fin de crear una cultura ecológica.
De 8 a una de la tarde es la cita. Ni el sol o la resaca del alcohol de la noche anterior pueden ser pretextos para levantarse temprano, alistar al hijo, sobrino o nieto, salir a la calle en bicicleta, transporte público, o compartir el automóvil con alguien, para adentrarse en la Vía Recreativa Manzanillo.
Ojalá la difusión continúe de boca en boca para evitar gastos innecesarios en recursos económicos y naturales.
A I le sigue gustando andar en bicicleta, aunque haya perdido la costumbre de hacerlo; toma una, la monta y empieza a pedalear rápido, como lo hacía en sus años mozos.

Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 01 de marzo de 2012
Manzanillo, Colima, México

jueves, 23 de febrero de 2012

Demencia Senil

UNO vive al día, pero quién iba a saber que 5 meses después Pablo arruinaría su propia fiesta de cumpleaños.


Empezó cuando celebraban sus 80 años de vida. A la hora del brindis, los discursos largos y aburridos que solía hacer en familia, se olvidaron a cambio de una arenga militar. La orden fue precisa: “Fuera, fulano y mengano”. Corrió a unos cuantos comensales sin importar que vinieran desde Monterrey sólo para verlo.
Al anochecer, dos hijas y la mamá lo llevaron a la clínica del ISSSTE. En el trayecto de casa al nosocomio él creía estar en combate. Pablo confundió el sonido de un helicóptero que volaba sobre la camioneta donde viajan, por un avión de guerra, entonces, gritó eufórico: “Ahí vienen, agáchense, nos van a cargar; dejen que baje del vehículo, abran la puerta”. Las manos del anciano hacían la forma de una pistola.
Sus neuronas habían hecho corto circuito. Tan agresivo y distante de este mundo. Un hombre de ocho décadas, en cuestión de segundos, rejuveneció.
Los acompañantes de Pablo lo bajaron de la camioneta a la fuerza. Una silla de ruedas fue de gran ayuda para trasladarlo hacia el interior de la clínica. Él, en su mundo imaginario, creyó haber sido atrapado por los contrarios. Dijo groserías, pero no tan graves como las que suelen decir los niños de las nuevas generaciones.
Dentro del nosocomio, una enfermera lo atendió e hizo muchas preguntas: ¿Cómo se llama?, ¿tiene hijos?, ¿cuántos?, ¿en qué trabajó cuando era joven y qué día es hoy? El señor creyó que la mujer le tomaba el pelo, aunque todo contestó de manera correcta. A una de las hijas se le ocurrió preguntar: ¿Cuál es la capital de España?; Madrid, argumentó.
El anciano seguía inquieto, sentado en la silla rodante. La única manera de tranquilizarlo era con un sedante. Dos vigilantes, una enfermera y la jefa de enfermeras en turno fueron las personas que forcejearon con él. La única forma de inyectarlo era amarrándolo. Aunque la vejez debilita, hay hombres que jamás se hacen frágiles.

Fue doloroso observar a las hijas y esposa llorar cuando él intentaba escapar. En la camilla estaban atados las manos y pies de Pablo. La droga que le inyectaron en la vena del brazo izquierdo inició su efecto a los pocos minutos. El cuarteto se alejó del paciente; después, regresó la enfermera, le sacó sangre del otro brazo para hacer el análisis clínico y se marchó.
Mientras, el sedante hacía el efecto, el médico arribó al cuarto de urgencias, revisó el expediente e hizo algunas cuestiones a los familiares respecto a las enfermedades del enfermo. El diagnóstico que dio fue: un trastorno mental por el choque de medicamentos. Ésa fue la primera versión de la enfermedad de Pablo, dosis encontradas que no debieron mezclarse; fármacos que el mismo médico internista recetó días antes por un insomnio.
El anciano permaneció en el nosocomio toda la noche para estar en observación. El frío del lugar no significaba nada de lo vendría.
Al día siguiente fue dado de alta. El médico internista le canceló el medicamento que, según él, le provocaba el trastorno y le dio pase para el geriatra.
La clínica del ISSSTE en Manzanillo no cuenta con un médico especialista en la vejez y terapia en las enfermedades de los ancianos. El único que hay está en la ciudad de Colima. Para poder viajar hacia allá, si ninguno de los familiares no tiene tiempo de llevarlo o el adulto mayor no está en condiciones de
poder ir solo o acompañado en autobús, existe la opción de solicitar un “traslado” a la institución médica para que una ambulancia pueda llevarlo.
A casi 2 años del aniversario de Pablo, ahora se encuentra estable de salud. En realidad, no eran los medicamentos los que le provocaron la locura pasajera. Él empezaba a sufrir los síntomas de demencia senil.
La demencia es una enfermedad caracterizada por la pérdida de capacidad de la mente para llevar una vida normal. Los síntomas más comunes se encuentran los trastornos de la conducta, pérdida de la memoria de corto tiempo, trastornos del lenguaje y alteraciones en el carácter, entre otros.
Algunos estudios arrojan que el principal factor de la demencia senil es hereditario, sin embargo, la comunidad científica nacional en conjunto con la internacional, ha planteado la deficiencia de la vitamina B en nuestro organismo.
Lo preocupante es que muchos de los familiares no están preparados para tratar a un enfermo que padece demencia senil. Habrá que investigar cuántos casos existen, cuál es su proceso evolutivo de la enfermedad en cada uno, si en la clínica del ISSSTE es necesario contar con un geriatra en el puerto o hay demasiada gente con menos de 60 años de edad. Quizá sean esporádicos este tipo de padecimientos o pudiera ser que es un secreto tener a un demente senil en casa.
Pablo, de alguna manera, es feliz. A él lo visitan los amigos de la infancia, los de parranda, con quienes recuerda a las mujeres que tuvo en su juventud; la nana, el compadre muerto, y distribuye su riqueza a los nietos, aunque a la esposa la levante a las 3 de la mañana para que le dé de almorzar.


Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 23 de febrero de 2012
Manzanillo, Colima, México

jueves, 16 de febrero de 2012

Vía Recreativa Manzanillo

Nada es comparable al sencillo
placer de montar en bicicleta.
John F. Kennedy

SE puede ver a Mariño caminar por las calles o patinar en la ciudad de Guadalajara; a los ciclistas transitar por la carretera con licras de colores pegadas a sus piernas; observar el brillo en los ojos de Yusset al narrar que años atrás recorría los cerros montado en bicicleta; recordar las palabras de Anwar (“Te caigo en un rato”) cuando solía visitarme desde Pancho Villa hasta el centro, o añorar los momentos de mi pubertad montada sobre dos ruedas.
El proyecto Vía Recreativa Manzanillo se pondrá en marcha el próximo domingo, 19 de febrero, de 8 de la mañana a una de la tarde. Consiste en cerrar la calle central de la avenida Lázaro Cárdenas, de Las Brisas –en el crucero–, hasta la glorieta de la Armada, con el fin de fomentar la integración familiar y actividad física. Niños, jóvenes, adultos, personas con capacidades especiales y la población en general tendrán acceso peatonal. 
La movilidad urbana permitirá realizar actividades físicas como andar en bicicleta, caminar, correr, patinar, pasear mascotas –recomiendo llevar una bolsa de preferencia biodegradable para los desechos–.
En el trayecto encontrarán espacios culturales, recreativos y de arte, donde los artistas locales exhibirán sus trabajos. Un grupo de chicos bailará campoeira, el arquitecto Horacio Silva mostrará obras del taller de grabado, Monograbado, en linóleo y otras técnicas, junto con sus alumnos y, por supuesto, estará presente la Sala de Lectura el Kiosco, de Sergio Contreras, quien leerá cuentos infantiles. Esto estará a cargo de la delegación de Turismo y no del Instituto Municipal de Cultura.
Se pretende llevarlo a cabo cada 15 días para que en su momento sea dominical. Este gran proyecto tiene una visión: crear una bicipista en años futuros. Todo depende de las administraciones públicas, tanto estatal como municipal, que en su momento gobiernen, y la participación de la sociedad.

Quienes están detrás de este proyecto tan atinado son el ayuntamiento de Manzanillo, la Universidad de Colima, que en años pasados realizó un bicipaseo del auditorio Manuel Bonilla Valle hasta el Polideportivo en San Pedrito, teniendo una asistencia aproximada entre dos mil seiscientos participantes, a 3 mil estudiantes universitarios y civiles que montaron sobre ruedas o caminaron; el gobierno del estado, Coparmex Manzanillo e Instituto Municipal De Planeación (Inplan).

Cabe mencionar que se tiene la asesoría de uno de los iniciadores del proyecto. Vía Recreativa Guadalajara dio inicio el 12 de septiembre de 2004.

Ojalá no estemos tan lejos de celebrar en algún momento el Día Mundial Sin Auto, el 22 de septiembre, y tanto turistas como porteños apoyen este tipo de iniciativas.
La movilidad urbana sostenible deberá ser aprovechada no sólo por quienes tienen el gusto de ejercitarse o disfrutar una caminata, sino por padres de familia, funcionarios públicos, oficinistas y profesores, para inculcar el hábito al no uso del automóvil, aunque sea cada 7 días.
La alternativa será el derecho de poseer un medio de transporte ecológico que garantice la seguridad de quien lo conduzca y el de todos los ciudadanos, pues esta acción conllevará a tener una mejor calidad de oxígeno en el ambiente. 

Poco a poco surgirán cambios de conciencia en el puerto, sólo hacía falta unificar personas que llevan a cabo este tipo de acciones de forma individual.
Puerto Vallarta puso en marcha el domingo 10 de febrero una vía recreativa; Manzanillo no será la excepción.

Enhorabuena por Vía Recreativa Manzanillo, ya era tiempo que los manzanillenses y residentes puedan gozar aún la poca tranquilidad de la ciudad.
Mariño cree que es mejor caminar o patinar por el centro tapatío en lugar de estar malhumorado atorado en el tráfico; a los ciclistas se les seguirá admirando su pasión: pedalear; a Yusset sólo le quedan imágenes en la mente y unas piernas musculosas; a Anwar, la satisfacción de haberle heredado a Maquenri la bicicleta, y a mí el criterio de que el uso racional del automóvil es una buena opción, pero no deja de limitar la libertad de desplazamiento en la ciudad, cuando las aceras se achican, mientras la práctica desmesurada incita la dependencia y hasta una determinada marca pude hacer olvidar al hombre tocar tierra.

Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
el 16 de febrero de 2012
Se realizó una corrección a la versión original.
Manzanillo, Colima, México

Viajar

Al escribano del puerto,
por sus 30 años de servicio.

KARINA, la adolescente, pronuncia: “He viajado con mis padres por carretera. Me gusta, aunque sólo paremos en casetas de autopistas o algunas veces en restaurantes. Yo veo muchas cosas, pero no como tú, quizá tu forma tan romántica de observar al mundo te hace especial”. La adolescente de ojos negros pregunta con timidez: “¿Qué se siente viajar en avión?”.
Óscar le comenta que no es la gran cosa a menos que uno sea el piloto o copiloto. Si es un vuelo comercial, lo emocionante son las turbulencias, los despegues de la naves o aterrizajes, porque es cuando el pájaro de metal se mece de manera brusca. Ah, pero el cielo, el cielo es otra cosa. Las tonalidades son blancas, azules, rosas, naranjas y cafés, pero el paisaje en las zonas desérticas son tristes a comparación de las boscosas, y no se diga en el verano, porque los rayos parecen que te alcanzan. Desde arriba, el cielo se convierte en mar y la aeronave en una golondrina.
Al oír eso, ella imagina el argumento, suspira y cuestiona: “¿Qué se siente viajar por mar?”.
Él ríe y confiesa que sólo ha navegado por el mar en embarcaciones pequeñas, sin embargo, tiene el sueño de embarcarse en un crucero a El Caribe. Lo único que le puede decir con toda claridad es que una vez que te haces a la mar, te conviertes en un ser distinto, porque ves a toda especie marina alejarse del hombre para sobrevivir; el cuerpo se rebautiza con la sal, el aire abraza siempre, se percibe una paz interior al sincronizarte con la madre tierra, mientras, los peces de colores, a lo lejos regalan su nado. El olor a mar embruja.
A Karina las respuestas no le bastan para dejar de interrogar: “¿Qué se siente viajar por tren?”.
Óscar hace una pausa, parpadea y vocifera nostálgico, al mismo tiempo le explica que a él le encantaba hacer esos viajes largos por tren de Manzanillo a Guadalajara, 8 horas de camino. En cada estación había comunidades donde la gente, con unos baldes de metal, se subía a los vagones, y dentro de esos baldes había comida que ofrecían: tortas, tacos, refrescos en envases de vidrio, o sobre las caderas en canastas de mimbre, cajetas quemadas, alegrías y dulces de leche.
Durante el traslado, la hilera de carros oxidados podría ser vista por los viajeros a través de las ventanillas, también a la locomotora que arrojaba vapor, al mismo tiempo que pitaba. Las vías retumbaban al pasar sobre ellas, los cerros inmensos, árboles, arroyos, ríos, puentes junto con los túneles oscuros justificaban la espera de llegar al destino final.
Él intenta explicarle a la chica que todo viaje tiene un valor especial. Viajar es tener la libertad de desplazarte de un lugar a otro sin ataduras. Dejar por un momento las comodidades y emprender una nueva aventura. Conocer otras costumbres, historias y rostros. Es darte cuenta que a pesar de que existen millones de personas, siempre se encuentra a la indicada para cumplir algún fin en tu vida.
Viajar es cultural, el gusto por hacerlo debe ser inculcado en las familias. Alejarte del hogar a distancias cortas disminuye el capital financiero, sin embargo, es una inversión para la formación personal.
Los he visto en la costa cada Semana Santa. Decenas de personas arriban a las playas de Miramar dentro de los tráileres, casas de campaña frente al mar o a los jóvenes jaliscienses y michoacanos que llegan en carros particulares que por las noches los convierten en cama; al indígena caminar descalzo por largos kilómetros para vender jitomates o textiles; a los voluntarios internacionales de las Organizaciones No Gubernamentales conociendo varios países para enamorarse de México.
El viaje no sólo puede darse físico, sino también mental, pues basta charlar con los viajeros para que cuenten sus anécdotas, leer un libro e imaginar los lugares descritos o de la manera más sencilla; elegir ver una buena película, donde las locaciones sean en los exteriores de un set.
Karina, la adolescente de ojos grandes, pretende crecer para poder viajar a otros países, a las ciudades grandes. La modalidad no importa, el desapego y el sueño es lo que vale.

Elsa I.González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
09 de febrero de 2012
Manzanillo, Colima, México

jueves, 2 de febrero de 2012

Sudamericano

EN Chiapas, es común ver los puestos móviles donde los militares aguardan para realizar retenes a los automovilistas que transitan por carretera.



Un día que viajaba por autobús de San Cristóbal de las Casas hacia la Ciudad de México, el conductor se detuvo tres ocasiones por instrucciones de autoridades federales que nos encontramos durante el viaje; el motivo fue “revisión de pasajeros y camión”. En el segundo retén, los policías interrogaron con acoso a dos señores de rasgos sudamericanos. Les pidieron sus identificaciones, después de varios minutos se marcharon. En el tercero, quitaron una parte del cascaron del techo con taladros de baterías. Cerca de una hora esperamos para que no encontraran nada.
El domingo pasado, un joven de veintitantos años estaba afuera de mi casa. Gritaba buenas tardes a través del cancel de la cochera. Por su aspecto, lo prejuzgué: es un vago alcohólico que viene de la playa a pedir comida.
En la colonia donde vivo, contigua al puerto interior, suelen visitarnos a los hogares, algunas veces, familias, hombres y mujeres empapados de agua de mar para pedir comida.
El chico estaba semidesnudo, apenas unos calzoncillos sucios cubrían su cuerpo; por sus pantorrillas corría sangre de una raspada en ambas piernas; tenía el tono de voz lento; lo noté ebrio. Él quería saber si podía obsequiarle ropa, un pantalón o unos bóxer. La respuesta que le di fue: “Aquí viven puras mujeres”, seguida de un argumento: “Le puedo obsequiar playeras, pero mientras barre la casa abandonada de enfrente”. Aceptó con buen ánimo la propuesta. Le saqué la escoba de varas y se puso a juntar las hojas de olivo, almendro y tabachín caídas al suelo.
El hombre limpiaba la acera de un modo extraño. La escoba y él estaban inclinados en un ángulo de casi 45 grados. Pareciera que en lugar de arrastrar tierra y vegetales fuera agua.
Corrí a la recámara del cuarto, me asomé al closet de mi padre, tomé de ahí unos jeans de mezclilla, una camisa sport desgastada, un bañador con trusa –que dejó de usar hace tiempo– y unos bóxers seminuevos.
La vestimenta se la dejé en la banqueta, dentro de una bolsa de plástico, acompañada de un recipiente térmico con cebiche de pescado y unas cuantas tostadas. El muchacho hacía su labor y repetía al verme: “Usted dispense”. Cuando él estaba a punto de concluir de hacer limpieza, dos patrullas de policías municipales arribaron y frenaron con rapidez. Sin descender, cuestionaron al chico: “¿De dónde vienes?”. Éste respondió: “De Chiapas”; ellos continuaron: “¿Y tu ropa?”; “ahí” –dijo y señaló la bolsa”. Le ordenaron: “Vístete y vete”; “sí”, argumentó.
Esa conversación apenas la escuché y abrí la ventana de la puerta. Vi al joven poniéndose el pantalón de mezclilla cuyo talle le quedaba a la perfección, en cambio, el largo debía tener un corte o unos dobladillos.
En voz baja indagué inquieta: “¿Te van a deportar?”. El sudamericano habló con la tranquilidad de un niño: “Todo está bien. No me van a regresar”.
Para disimular un poco la complicidad entre ambos, fijé los ojos directamente al rostro de un policía que seguía dentro del vehículo, ya que unos segundos antes preguntó si el joven me estaba molestando.
Inicié un diálogo en tono de reclamo: “Qué bueno que vino, porque aquí los policías nunca vienen en patrullas o a pie a hacer rondines, ni en el día ni por las noches. Antes lo hacían.

Al fondo de esta acera, allá en la esquina, la gente de fuera viene a drogarse”. El señor uniformado, de voz autoritaria, afirmaba que sí vigilan la colonia y también pidió comprensión, pues sólo cuentan con dos patrullas para cuidar la seguridad de los habitantes de la zona centro hasta Tapeixtles.
El sudamericano nos escuchaba hablar mientras se vestía. Lo dejé de ver luego que cubrió su pecho con la playera sport. “Nos vemos mañana”, vociferó. Respondí: “Ándale, que te vaya bien”. No supe más de él. Lo único que pude percibir era a un joven necesitado, de origen peruano –según confesó al principio–, y migración lo quería deportar, razón por la que deseaba ropa para camuflaje de sus carencias.
Las dudas que pudieron nacer para valorar si podía ofrecerle ayuda o no, confirmaron mi filosofía: si uno puede saciar el hambre o el frío de un ser, aunque sea por un día, adelante, uno no sabe qué suerte nos pueda tocar.



Elsa I. González Cárdenas
Publicado en El Diario de Colima
El 02 de febrero de 2011
Manzanillo, Colima, México

Nota: Este artículo pudo sufrir alguna modificación
a la versión original.

jueves, 26 de enero de 2012

Aguas frescas

DURANTE mi infancia y parte de la adolescencia tuve en el patio de la casa un árbol de tamarindo. Cuando comía su fruto agridulce como postre, lo desnudaba, lo moldeaba en forma de pelota y le agregaba azúcar en todo el derredor; si lo preparaba en bebida, debía ponerlo a cocer en agua a fuego lento, así la pulpa puede extraerse más fácil, después lo dejaba remojar por unos minutos y al final le quitaba las semillas. Las jarras de agua fresca de tamarindo permanecieron sobre la mesa del comedor algunas temporadas, durante 15 años.
El árbol, además de proveernos de su fruto y darnos sombra, fue un gran amigo. Era la estructura de la casa de juegos, pero después murió al paso de un ciclón. También teníamos árboles de aguacate, guanábana, guayaba, granada y limón. El primero aún vive, hace tiempo dejó de ser fértil, ahora sólo nos protege un poco del hollín que arroja la termoeléctrica, nos regala oxígeno, sombra y es el hogar de las aves; el segundo retoñó, da su fruto a partir del mes de julio, dice una hermana que sus hojas preparadas en té son un buen remedio para el cáncer; a la guayaba y a la granada les quitaron la vida y el limón desprende más hojas amarillas que fruta.  
En mi familia, recuerdo que sólo consumíamos refrescos cuando los tíos junto con los primos venían de visita, en ocasiones especiales como la Navidad, Año Nuevo o salidas a la playa los domingos.

La hermana que apenas conducía una Suburban azul nos llevaba. Las paradas obligadas solían ser en el Depósito Venegas, después la hielería Alaska y por último la tienda de Sedena, que se mantenían abiertas al público. En los años 90, en la costa aún no se comercializan las gaseosas en botellas de plástico, ya que el vidrio gobernaba.
Con el tiempo, la provincia recibió a mucha gente de otros estados de la República, quienes en su mayoría vinieron a trabajar en el área portuaria y extranjeros que compraron casas de descanso en las zonas más exclusivas, éstos requirieron una gran variedad de productos alimentarios.

La primera tienda de autoservicios ofertó productos de marcas transmitidas en comerciales de televisión. Las bebidas envasadas y endulcolorantes artificiales en polvo desplazaron poco a poco las aguas frescas. El gusto del costeño por probar un energético, jugo, refresco o acortar el tiempo de preparación para hacer un agua de sabor, lo llevó a olvidarse de las frutas de temporada.

Tres paleterías en la avenida México aún subsisten. La bolsa de agua cuesta alrededor de 15 pesos. Si se prepara en casa, el agua fresca es más económica y nutritiva, además se puede instruir a los integrantes del hogar, es decir, las propiedades que contiene la bebida, por ejemplo, el mango es alimento de sabor exquisito, aporta vitamina A, C y E, además de pequeñas cantidades de vitamina B y ácido fólico. Se cultiva en Manzanillo, puede vivir en jardines de poco espacio, pero sus raíces profundas son extensas.
La guanábana es un fruto cuyo árbol no requiere de muchos cuidados, basta con protegerlo de la plaga y de las hormigas que gustan de la flor, y según investigaciones científicas, consumirla inhibe selectivamente el crecimiento de células cancerígenas y también el crecimiento de las células del tumor.

Si se prefiere el agua de arroz, el kilo cuesta de éste alrededor de 22 pesos, un kilo y medio de azúcar, 21 pesos; un garrafón de agua, 18 pesos; unas varitas de canela, 10 pesos, y una lata de leche evaporada, 12 pesos, esto suma 83 pesos que pueden ser compartidos en agua fresca para 20 personas. Cada litro de agua tiene un costo real 4 pesos con 15 centavos. Es una lástima que se prefiera tomar bebidas envasadas que aguas frescas.
A mí me sigue gustando observar a los vendedores con sus camionetas llenas de cocos, sujetar el machete, cortar la cáscara verde, hacerles un orificio hasta salir una carne blanca, mientras los clientes ansiosos esperan el fruto de media cuchara para tomarlo en ayunas y desparasitar el organismo.



Elsa I. Gonzalez Cardenas
Publicado en el Diario de Colima
El 26 de enero de 2012
Manzanillo, Colima, Mexico