lunes, 17 de marzo de 2014

Responsabilidad


DEFINIREMOS la palabra responsabilidad, para tratar de hablar sobre el tema. Responsabilidad: obligación moral; reparar y satisfacer por sí o por otra persona; dicho de una persona: de posibles y digna de crédito.

Recuerdo mucho a papá, que solía llegar muy temprano a las citas, misa y el trabajo, incluso desde mi punto de vista, exageraba. Veinte minutos antes de la hora acordada, ya estaba en el lugar. Confieso que era molesto ser apurada siempre para arribar temprano a los sitios. Aunque debo aceptar lo agradable que fue verlo puntual, contar cada 6 meses, las monedas que sacaba de la panza de un cochino de yeso para irnos con toda la familia de vacaciones.

En mi primer trabajo, la hora de entrada era a las 8 de la mañana. Para ese entonces, abordaba el camión colectivo 40 minutos antes de la hora. Si se me hacía tarde, al acumular tres retardos, significaba una falta, es decir, no se pagaba, y a las tres faltas, rescisión del trabajo, sin responsabilidad de la empresa.

La hora de la salida marcaba cierto dígito en el reloj checador, aunque en realidad 8 horas de jornada laboral era ficticio, pues había ocasiones en que salía a las 11 de la noche. En cuestiones de horas extras, llegaron a pagarlas al principio y a regañadientes. Hablo de cuando tenía 22 años, recién egresada de la universidad. Después, cambié de trabajo y éste quedaba a dos cuadras de casa. Por supuesto que arribaba temprano; sin embargo, a la hora de salir, volvía a partir después de las 8 de la noche, a veces hasta las 10, sin goce de tiempo extra.

Mi padre conversaba conmigo y argumentaba que eso no estaba bien, mas yo le decía que las cosas estaban así, y había dos opciones: aceptar o decir adiós.

El área de comercio exterior es fabulosa. Claro, lo ideal es no permanecer años frente a un monitor de computadora por más de 10 horas al día, porque la vida se acaba sin haberla gozado. Si nos preguntamos, ¿por qué Manzanillo es el puerto más importante del Océano Pacífico?, ¿por qué tiene récord en el movimiento de contenedores a nivel nacional? La respuesta es simple: toda, o mejor dicho, casi toda la gente que trabaja en el ramo portuario, desde el operador de montacargas hasta el director de una organización, dan, a diario, el 100 por ciento de sus capacidades y habilidades en el puesto que desempeñan. A eso se le llama responsabilidad.

En el comercio internacional, todo error cometido por un empleado de empresa privada es descontado en la nómina quincenal, y no hablo de 500 pesos, sino de miles. Así de perfeccionista es la profesión. Como todo, existe una explicación. La actividad comercial en el ámbito internacional conlleva a una cadena de suministros, procesos operativos donde hay un trabajo conjunto. Si hubiese un error, fallan todos.

No es raro saber que la diabetes, anemia, gastritis y el asiduo estrés son el boom de las enfermedades en las agencias aduanales, líneas navieras, terminales de carga, transportistas, entre otras, gracias al sedentarismo y la mala alimentación. La responsabilidad del empleado es medible y se reflejada en la productividad de la empresa.

Si el empleado no cumple con entrar a la hora estipulada en el contrato laboral o asignado por el jefe inmediato superior, la organización pierde dinero. Esto muchas veces el trabajador no lo ve o no lo quiere reconocer. La impuntualidad le cuesta a las empresas. Los clientes no pueden esperar a que mengano se le ocurra llegar a tiempo. La impuntualidad es un reflejo de irresponsabilidad. Por desgracia, esa cualidad se padece más que nunca en Manzanillo.

La lista de irresponsabilidades se agranda cada vez más. Irresponsabilidad de cumplir con el pago de la pensión alimenticia de los hijos, pagar impuestos ante tesorería, predial, agua potable, renta de casa, atención a los padres ancianos e hijos, entre otros. Lo paradójico es que sí cumplimos con el pago del teléfono móvil, letras del automóvil, telecable, internet, por poner un ejemplo.

Por desgracia, los costeños gozamos de mala fama. Nos consideran flojos para trabajar y aun así, existe un buen índice de productividad a nivel portuario nacionalmente.

En la actualidad, los jóvenes deben ser educados y formados para ser hombres responsables en sus actos, sin embargo, es lamentable que los padres de familia no tengan tiempo para ellos.

Ojalá el Gobierno local realice cursos y campañas donde fomente la responsabilidad, de lo contrario, seguiremos siendo incumplidos en muchos aspectos.



Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 6 de febrero de 2014
Manzanillo, Colima, México

Puro circo: eventos culturales en la laguna del Valle de las Garzas

                                                     
HACE 2 semanas, me enteré por un amigo, a través de Facebook, que se llevaría a cabo un evento cultural en la explanada de la laguna del Valle de las Garzas.

El sábado 18 de enero, ofrecieron un concierto de piano y jazz, Fernando Ramses y Massimo Corpacci, junto con Mariana Bullia, a favor de la preservación de la laguna. Ese día no pude asistir, sin embargo, volvieron a convocar otra actividad para el siguiente fin de semana; esta vez habría actuación, canto y baile.

El primer fin de semana no pude asistir, el siguiente sí.

Era sábado 25 de enero cuando dirigí mis pasos a la explanada de la laguna del Valle. Al acercarme, metros antes escuché la bella melodía El breve espacio, del cantautor Pablo Milanés, interpretada por un artista local. En esos minutos, el andén con manglares se mecía y la escasa agua de laguna burbujeó, seduciendo a los peatones a apresurar su andar. En el camino, interrumpí la caminata para saludar a un amigo, con quien puedo tener una conversación transparente acerca de las obras que se realizan en Manzanillo.

Le cuestioné el por qué de la sequía de la laguna Valle de las Garzas, a lo que respondió: “Esto que ves es un gavión, un cilindro de grandes dimensiones, tejido de malla, relleno de piedras, usado para este tipo de obras hidráulicas. Su función principal es detener el lodo de la laguna para que no se vaya al puerto interior. En sí, es un filtro. Sólo pasa el líquido. Al existir esto, el lodo se queda en la laguna y va aumentando su nivel hasta secarla. Si se dejara pasar la tierra, ésta sería un problema para la zona portuaria”.

La respuesta fue muy simple, tan sencilla, que hasta un niño la podría dar: quitar el gavión; sin embargo, al hacerlo debieran de dragar las aguas del mar de manera continua, generaría grandes costos. También existe otra alternativa: dragar la laguna.

La Administración Portuaria Integral de Manzanillo( API), junto con el Gobierno Federal y la comunidad portuaria, es decir, los empresarios, sabían de antemano que esto sucedería, e incluso las asociaciones civiles involucradas –me atrevo a decir Aciman– conocían de antemano que esto pasaría, pero nadie dijo nada, al menos no en voz alta.

Los eventos culturales que se están llevando a cabo para la preservación de la laguna del Valle de las Garzas –antes estero– son viables, sólo para que la sociedad manzanillense despierte, actúe y se convierta en un ciudadano político.

Describo el concepto de político, de acuerdo a la Real Academia Española: actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, voto o cualquier otro modo.

Hasta el momento, no existe demanda sobre la parcial sequía de la laguna Valle de las Garzas, que se alimenta gracias a las aguas tratadas que son vertidas ahí. Desde hace mucho tiempo, no tiene entrada de agua salada, por esa razón los manglares están modificándose, se alimentan de agua dulce.

La API aún no toma responsabilidad alguna, menos la comunidad portuaria, aunque por fortuna, quieran o no, deberán hacerlo, por su bien y el colectivo. ¿Por qué? Al momento que caigan los fuertes aguaceros en Manzanillo, la laguna no tendrá espacio para almacenar el agua de lluvia. Es parecido a una alberca tapada. El líquido fluirá hacia la delegación del Valle de las Garzas y la zona norte del puerto interior, causándoles a ambas partes inundaciones, grandes pérdidas monetarias y quizá hasta vidas humanas.

El presidente municipal, Virgilio Mendoza, hace una declaración de que se proyecta un programa de rehabilitación de la laguna Valle de las Garzas, en el cual tiene asignado aproximadamente 3 millones de pesos para un plan de manejo y determinar exactamente qué es lo que requiere. A su vez, argumenta que es necesaria la participación del Gobierno Federal y de la ciudadanía.

Lo curioso es que no dice cuándo, ni convoca a la sociedad manzanillense a estar enterada del asunto, sólo realizan eventos culturales en colaboración del Gobierno del Estado, asociaciones civiles y agrupaciones independientes.

Por otro lado, es bastante paradójico que dentro de la explanada de la laguna permitan la venta de café en vasos desechables, hacerse pasar por “ecologista”, pasar al frente del auditorio, tomar un micrófono y no aprovecharlo para instruir sobre el cuidado del medio ambiente con acciones congruentes, o al día siguiente ver que los desechos descansaban en el piso.

La solución para cuidar a nuestra madre tierra es dejar de ser tan consumistas. Convirtámonos en consumidores responsables, debemos comprar productos que no generen tantos desechos que son arrojados a los ríos, mares, a la tierra y al aire. Entre menos importaciones haya, más bajo será el daño a la producción nacional, y se fomentará el consumo de productos nacionales y locales.

El puerto de Manzanillo no necesita medidas correctivas, sino preventivas, cuya solución está dentro de nosotros. Hagamos conciencia de ello.

Después de conversar con el amigo, me despedí. Fui a disfrutar los valiosos eventos culturales en medio del bullicio de la ciudad, mas no desapareció de mi mente la idea de que en esta ocasión son un circo para entretener y distraer a la gente de la realidad prevista años atrás.



Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 30 de enero de 2014
Manzanillo, Colima, México

Puntos buenos y malos de los funcionarios públicos


ANTES de concluir 2013, fui junto con unos amigos a dos bares del puerto. El primero que visitamos es el que más nos gusta, porque está frente al mar, hay música en vivo y el servicio es muy bueno.

Llegamos después de la una de la mañana, tomamos un sitio para permanecer en un buen lugar, frente a la banda musical, cuando de pronto llegó un aroma extraño y no era precisamente el olor a cigarrillo, más bien a hierba; recordé el aroma de la marihuana. Mi amiga, quien nos acompañaba en ese momento, argumentó que alguien estaba consumiendo cannabis.

Enseguida volteé a ver quién fumaba ese enervante; no pude ver. Entonces me dirigí con el mesero y el guardia de seguridad para pedirles de favor que inspeccionaran el lugar, pues hay sitios para drogarse, no en ese bar. Ambos hicieron caso omiso, incluso se molestaron por la petición, porque para ellos no existía tal cosa. Tuve que hablar con el dueño del establecimiento, el cual respondió positivamente a mi solicitud, al mismo tiempo que también agradeció la inquietud.

Más tarde, nos fuimos a otro bar, uno que es hotel y en la parte alta hay un piso donde se dan cita muchos jóvenes y adultos para bailar. El hotel consta de seis pisos. Para llegar al último, como quien dice al bar, sólo hay dos formas: por las escaleras angostas, que a lo mucho sólo cabe una persona, o por el ascensor con capacidad máxima para cuatro personas, donde tres de ellas son clientes y la otra es el elevadorista.

Soy muy mala para calcular la capacidad de personas que pudieran caber en el bar, sin embargo, si mis cálculos no me fallan, podría decir que 100 son suficientes para llenar el local. Un centenar de visitantes danzan, beben, conversan dentro, sin contar con medidas de seguridad en caso de que alguna contingencia pudiera suscitarse. Apenas pude observar el extintor pequeño en el área de la cantina, la señalización no estuvo al alcance de mi vista. Lo que es peor, no hay salida de emergencia.

Debo aceptar que nos falta mucha cultura de protección civil, sin embargo, la misma autoridad no nos induce ni invita a pláticas sobre ello, ya que después de un número determinado de personas en un espacio, existe la obligación de los organizadores o vendedores de servicios de dar la información sobre medidas preventivas.

Respecto al consumo de drogas en los bares, en realidad no me asusto, sólo que hay sitios adecuados para hacerlo.

Un punto bueno para el joven que está en la ventanilla de Atención a Clientes, para el pago del predial. El servicio que da es muy bueno, junto con la señora Elena, que sirve de apoyo para los porteños que deseamos saber cuánto debemos sufragar. El tiempo récord de atención fue de 3 minutos, por impresión de varias hojas de pago para este impuesto.

En el servicio de transporte urbano algo está sucediendo en estos últimos días. Los conductores de los vehículos están manejando bien, ya no se sienten tanto lo arrancones y frenazos. Aunque no todo es maravilla, pues sigue habiendo choferes sin vocación.

Lo que tiene una TACHA, con mayúscula, son las autoridades de Tránsito y Vialidad, que brillan por su ausencia, al igual que los parabús o paradas de camiones. Seguimos sin contar con bancas con techos donde indiquen “parada”. En el fraccionamiento Arboledas, desconozco si la esquina, donde venden pollos al pastor, es el indicador de alto, ascenso de pasajeros. Ni se diga en Tapeixtles, frente al bulevar Miguel de la Madrid, pues ya tiene años sin parabús. ¿De plano es muy caro improvisar uno, aunque sea de palapa? Digo, no soy la única persona en todo Manzanillo que anda a pie, sino cientos de ciudadanos que construyen el gran puerto de este municipio.

El punto más bueno para comenzar el año es que se reactiva la vía recreativa. Al parecer, será a principios de febrero; esa es una excelente noticia. Es grato saber que hay gente inteligente que retoma los proyectos factibles de la Administración pasada.

Así que a trabajar, no debemos desistir en los puntos malos, porque se tienen que mejorar. Nosotros, como ciudadanos, necesitamos hacer denuncias públicas para que las acciones se hagan, ya que somos los ojos del Gobierno.

Puntos buenos y malos es una crítica de mejora.





Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 23 de enero de 2014
Manzanillo, Colima, México

Visita al Rainbow Warrior III

ME enteré de la visita a México de Rainbow Warrior III, el barco de Greenpeace a nuestro país, gracias a la red social Facebook. Ésta anunciaba su llegada a los puertos mexicanos: Mazatlán, Puerto Vallarta, Acapulco, Cozumel, Quintana Roo y Veracruz. Así que decidí ir al puerto más cercano de Manzanillo, ese fue Puerto Vallarta.

Rainbow Warrior III o Guerrero del Arcoíris III, es uno de los tres veleros más grandes del mundo. Utilizado por la Organización No Gubernamental (ONG) como soporte para las manifestaciones de protesta organizadas por Greenpeace contra diferentes actividades realizadas por diversos países, contrarias a la protección del medio ambiente y de las especies marinas. El primer velero, Rainbow Warrior I, fue hundido por agentes de la Dirección General de la Seguridad Exterior francesa en 1985, para evitar la entrada a sus aguas territoriales.




El velero está destinado a defender a los océanos de la contaminación, tanto química como orgánica. Sustituye al dos, y sus principales puntos de acción son realizar funciones por las energías renovables; detener la deforestación, siguiendo la pista de traficantes ilegales; proteger a los mares, rastrear pesca pirata e ilegal, impulsar la creación de santuarios marinos; defender a los océanos del peligro de los químicos, persiguiendo las empresas responsables, y siguiendo la pista ilegal de químicos peligrosos; promover la agricultura sana, sin químicos, tanto herbicidas como pesticidas, proteger al mar de los desechos nucleares y apoyar las campañas contra energía nuclear.

La programación de actividades, de acuerdo a la página, eran: exposición fotográfica, recorrido en el buque y proyección de un documental.

Llegué a la Marina Vallarta a las 4 de la tarde. Me acerqué al área de preregistro para confirmarlo, ahí checaron mis datos; después me dirigí con una mujer para que volviera a tomar mis datos y anotarlos en una hoja que cargaba en un block.

La hilera de visitantes al buque apenas alcanzaba media centena. Los toldos de plástico blanco lograban cubrir perfectamente los rayos del sol, que para ese entonces la resolana alcanzaba a quemar la piel. Mujeres, hombres y niños, se encontraban ansiosos, esperando abordar.

Antes de subir al Guerrero del Arcoíris, los voluntarios de Greenpeace nos guiaron con sus compañeros en la explanada, para escuchar acerca de la energía solar. Los chicos mostraron que sí es posible utilizar un calentador de agua para bañarse o beber, en lugar de bóiler o cafetera, hasta una estufa solar. Después de unos minutos, abordamos.

El primer recorrido fue en la cubierta. Ahí se encontraba Billy Greene, una pequeña embarcación capaz de navegar muy rápido. Ella es quien al mar abre paso al velero, para que éste realice sus labores a favor del medio ambiente. Le seguimos en el control de mando –el cuarto donde ahí es dirigido el buque–, así que el timón y otras máquinas eran muy modernas. Más adelante, nos llevaron a la proa –parte delantera de la nave– para platicarnos acerca del origen del Rainbow Warrior III; y por último, descendimos a un área donde proyectaron un documental que trató sobre la contaminación tóxica en los ríos.

Greenpeace ha denunciado la descarga de tóxicos: mercurio, plomo, cromo, cadmio, tolueno y benceno. En México, más del 70 por ciento de ríos y lagos presentan cierto grado de contaminación. Estos elementos son usados en la fabricación de prendas textiles; esto quiere decir que estamos vistiendo con residuos tóxicos. Aunque no exista investigación a fondo sobre los efectos verdaderos de dicho daño, afectan directamente la salud, provocando enfermedades que alteran las funciones hormonales.

Después, ya no hubo más recorridos. Concluimos en esa sala con la visión de cuidar nuestro entorno, y sobre todo informar a la gente para que sepa lo que está pasando en el mundo en temas ambientales.

Al bajar del velero, pude percatarme la cantidad de visitantes que hacían fila para abordar, éstos desde niños y adultos mayores. Antes de las 7 de la noche, hora en que sería proyectado el documental, si estabas fuera de la marina, no te permitían el acceso, y eso pasó. Además de mí, mucha gente tuvo que retornar a casa un poco molesta o tal vez resignada, debido a la gran demanda que hubo por conocer al Rainbow Marrior III.



Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 16 de enero de 2014
Manzanillo, Colima, México

El amor no es apego


HOY me desperté tarde. A las 7 de la mañana sonó la alarma. No le hice caso. Seguí dormida, acostada bajo el edredón, estando en contacto conmigo misma. Sí, la cama no es un simple mueble acolchonado que sirve para descansar o hacer el amor. Para mí es un abrazo largo o una caricia suave, y más en este clima de frente frío.

Pasé una hora cubierta con el cobertor. Abrí los ojos, vi el reloj, imaginé que Agosto estaría desayunando en el restaurante para cerrar una venta. Desde ahí le envié suerte.

Al levantarme, hice la dinámica de siempre: estirar los brazos, las piernas las llevé al pecho, separé los muslos, giré el cuerpo de lado a lado, miré a través de la ventana la quietud del árbol de limón; puse el pie derecho sobre la cerámica gris vieja de casa, después el otro. Aunque llevó años con esta rutina, esta vez fue diferente, pues no sentí la ligereza ni la alegría que suelo tener al comenzar el día y menos tras haber hecho el amor horas antes.

No había justificación del descontento. Nadie debe permitir que interfieran en la tranquilidad de tu vida, ni en lo sentimental y mental. Claro, no es nada fácil lograr ese nivel de autoconocimiento, aunque intentarlo conduce a alcanzarlo.

Era un nuevo día para corregir los errores o mejorar la actitud, pero la discusión de la madrugada que tuve con Agosto, por desgracia me hizo tener apego a un sentimiento de tristeza.

Transcurrió el tiempo, y a mediodía él llamó por teléfono. Su tono de voz era pausado y comprensivo; argumentó que no le hiciéramos mucho caso al mal rato vivido, que mejor lo tomáramos como experiencia. Eso alentó a reponerme. A mediodía, caminé por la acera que conduce a mi trabajo. Detuve los pasos frente al puesto de cocos para comprar uno. Platiqué con la pareja vendedora, saludé a sus hijas que estrenaban un juego de té. Después de pagar, dije hasta pronto. Retorné el andar mirando la atmósfera. El cielo estaba azul, el sol radiante, podía sentirlo en mis brazos desnudos.

De la tarde hasta el anochecer, el día, o mejor dicho, yo cambié de actitud. La gente que atendí en el trabajo, saludó y platicó episodios de su vida con la confianza del amigo.

Analicé el caso de la discusión con Agosto para encontrarle consecuencia. La encontré, pero eso no importaba tanto como la reacción producida en mí por el simple ego lastimado. Recordé una relación amorosa pasada, donde solía reaccionar de manera caprichosa. Por fortuna, él actuó con madurez y, por supuesto, lo valoré más.

Ahora pienso en los rompimientos amorosos, en las malas enseñanzas que uno aprende con el tiempo, gracias a los novios. Nadie, o al menos poca gente, educa a los hijos en cuestiones de parejas. Sólo corrigen o prejuician a la chica o chico que sale con el hijo. Eso pareciera ser la función de la madre, porque las hermanas sólo dan un visto bueno de manera superflua, con el mero propósito de que no se metan en su vida; en cambio los hermanos creen ser los autorizados para aprobar o desaprobar el noviazgo.

El amor de pareja no es tan verdadero cuando ambos pierden su individualidad. Lo que prevalece en sí es el apego. Ese estúpido hábito adquirido desde la primera relación entre un hombre y mujer, o depender del ser amado o pensar que la afición es amor.

“A todos nos toca la época del pendejismo, a todos nos pasa”, dijo el amigo Julio, quien ahora vive feliz con su pareja y está consciente que no durará para siempre.

Es cierto que el primer amor nunca se olvida, si éste fue agradable, pero tampoco se olvidan los siguientes, porque es de suponer que las experiencias vividas conllevan a mejorar las futuras relaciones, al menos en teoría eso debiera ser.

Hace unos días, una sobrina de 18 años de edad confesó que los jóvenes de su edad no querían tener un noviazgo y lo deseado por los hombres es tener una relación sin compromiso, salir de vez en cuando, sólo para saciar las ganas de acostarse con alguien; argumentó que tuvo una propuesta de ese tipo. Ella no aceptó porque no busca lo mismo. Lo único que se me ocurrió decirle fue que el joven había sido muy sincero con ella y eso era algo que debía agradecer.

La sobrina conoce a la tía de pensamiento libre, sabe que está abierta a escuchar a la gente, que actúa de acuerdo a como cree puede ser feliz. De todos los pedazos de historia y vivencias propias, llego a la conclusión de que el amor no es el que profesa la Iglesia para toda la vida, ni las reglas de la sociedad. Éste cambia, crece, madura y muere a corto o largo plazo; lo demás es apego del ego.




Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 9 de enero de 2014
Manzanillo, Colima, México

No a la minería en Zacualpan (II)

SÁBADO 14 de diciembre de 2013.- Ollín abordó el autobús de Manzanillo a la ciudad de Colima. Hora y media más tarde, descendió y tomó un taxi para llegar a un lugar cercano a la escultura El Torito, en Villa de Álvarez; ahí pasaría el camión que la conduciría a la comunidad de Zacualpan. Fue la primera en arribar, sólo los puestos de lámina y los vendedores la acompañaban. En ese momento se sintió diferente, algo parecido cuando va a lugares marginados. Iba preparada a ver, pero no con los ojos, sino con el alma.

Durante la espera, observó la grandeza de las jóvenes parotas, cuyas ramas abarcan la mitad de la acera. Antes de las 6 de la tarde, el clima era agradable. No hacía frío ni calor. Sin darse cuenta, la gente se aglutinó en la banqueta. En seguida, apareció un transporte público viejo de fierros duros, con simetría chata, el mismo modelo de los camiones que antes transitaban en el puerto, hace más de 25 años. Todos se subieron por la puerta de atrás, ya que es una forma de controlar el pago del pasaje, supongo porque la bajada es por delante y el costo es de 14 pesos por persona.


Dentro del móvil colectivo observó a los pasajeros; se sintió turista. Ellos cargaban bolsas de mandado, de mano, mochilas; vestían ropa de trabajo, o al menos la de diario. Los hombres con sombreros, gorras, pantalones de mezclilla o de otro material, camisas y playeras polvorientas; algunos con huaraches, mostrando sus dedos cenizos; también había uno que otro con vestimenta casual. Las mujeres jóvenes lucían más pretensiosas; sus rostros alegraban el viaje. Las mayores, no más de 60 años, mostraban resignación y podía percibirse el amor.

Ollín experimentó con gratitud pertenecer al grupo. Para ella, no hubo más diferencia que la ropa puesta. En esos momentos le llegaron a la mente las cuestiones internas: ¿Qué estoy haciendo por los demás? ¿Por qué esa gente de escasos recursos económicos no tiene las mismas oportunidades que todos los colimenses? ¿Por qué la sociedad de Zacualpan nos da el ejemplo a los citadinos en amar y defender a su tierra, cuando a nosotros no nos importa destruir cerros para sacar mineral y vendérselos a los chinos, contaminar el aire y enfermar de cáncer en la garganta, gracias a la termoeléctrica de Manzanillo, o realizar torneos internacionales de pez vela cuando pocos de esa especie sobreviven?

Esa gente va y viene diario a Colima o a Villa de Álvarez a trabajar, vive con menos dinero y tal vez muchos, sin saberlo, poseen mejor calidad de vida que tantos en el mundo.

En el camino, observó el majestuoso paisaje. El volcán de Colima estaba frente a sus ojos, más allá de unas barrancas enormes, preciosas; parecían montañas de arena desquebrajadas. En el precipicio había un silencio seductor, una vegetación impresionante, gracias a que días atrás había llovido. Al acercarse a la comunidad, la entrada le hizo recordar al poblado de Pancho Villa, contiguo a Jalipa y después a Santa María, en San Luis Potosí. Por fortuna, el capitalismo se quedó atrás. Las casas de cemento con techos de tejas armonizaron el ambiente. En la plaza, el móvil urbano paró y el conductor avisó que su última salida sería a las 7 de la noche, por si se les ofrecía regresar.

Ollín descendió. Arribó al jardín, frente a la iglesia, donde había música, piñatas, proyector de imágenes, voluntarios, activistas, muchísimos niños, personas de todas las edades y una armonía inigualable.

La mujer dejó de sentirse turista, ya era parte de ellos. Fue a saludar a Gabo con un abrazo, le dijo que Zacualpan era bello. Ambos voltearon a ver el mirador. Él la animó a subir, antes de que el sol se ocultara. No lo dijo dos veces, fue en seguida. Contó 188 escalones hasta llegar a la cima. Desde ahí, Ollín recordó su pequeñez, disfrutó con placer la belleza de la Madre Tierra. Todo el derredor estaba vestido de verde. Grandes cerros o tal vez montañas sigilosas cuidaban a los habitantes; en medio, el pueblo nacía.

A los pocos minutos, un hombre tocó el caracol. El canto de éste hizo brillar a la luna llena. La paz era inmensa. Mientras en la ciudad la gente se encontraba frente al televisor viendo alguna telenovela, allá las personas defendían su tierra de los empresarios chinos que desean explotar la mina, destruir lo que nos pertenece: la Madre Tierra.

Al descender del mirador, Ollín saboreó los ricos guisos que con amabilidad los lugareños ofrecieron sin costo: mole con pollo, arroz, tortillas de maíz negro, pozole de camarón y agua de carambolo. Los voluntarios cantaron y tocaron canciones de nuestros ancestros. Hubo piñatas, hojas para colorear, música contemporánea, pero sobró todo, mucha convivencia y armonía.

Antes de las 8 de la noche, Ollín volvió a ser otra. Regresó al puerto con gratitud hacia la sociedad de Zacualpan, las asociaciones civiles, activistas y voluntarios que luchan y dicen: “No a la minería”.

Una Navidad sin minería en Zacualpan fue el mejor regalo que Colima ha tenido, aunque los colimenses no desean darse cuenta.


Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 2 de enero de 2014
Manzanillo, Colima, México

No a la minería en Zacualpan (I)

GABO, me gustaría acompañarlos a los eventos que organizan, sólo que se me complican las fechas con mi horario de trabajo; además, ir hasta Colima, no alcanzo a llegar a tiempo, pero créeme, sí quisiera estar con ustedes.

-Entiendo, pues vamos organizando un festival del maíz en Manzanillo.

Ollín agranda sus ojos ovalados, detiene el parpadeo, estira la piel de la frente y separa sus labios. Gabo argumenta: “Debemos defender nuestro maíz, nos pertenece. No dejemos que se importe el transgénico. Fuera Monsanto”.

El gesto de la mujer permaneció por unos segundos. Silenciosa, pensó en la Madre Tierra, en la infertilidad que le provoca la siembra de semillas transgénicas. Imaginó la manera en que se cultivan las verduras y las frutas; en el veneno que llevaríamos todos los mexicanos a la mesa del comedor, y en las enfermedades posteriores que se suscitarían por consumir maíz transgénico. Volvió en sí, miró a su amigo que traía puestos zapatos hechos por él mismo: huaraches, éstos fabricados con desechos de llantas y lazos de cuero, amarrados hasta la pantorrilla. Sus piernas cubiertas con una bermuda y camisa blanca –muchas veces de manta–, el cabello negro y recogido con una liga. Él, sin lucir impecable a mediodía, es un hombre apasionado.

Ollín tiene que irse. Le pide a Gabo su número telefónico y le dice que llamará antes de visitar Colima, con la intención de coincidir en fechas sobre algún evento a realizarse.

Después de esa vez, no volvieron a cruzar palabra, sin embargo, para saber dónde y qué está haciendo el amigo, basta con leer las notas de los periódicos digitales para enterarse.

La mujer conocía poco sobre el tema de la explotación de las minas que hacen las empresas extranjeras-chinas y canadienses-, concesionadas por el Gobierno mexicano. Tuvo conocimiento gracias a una asociación civil chiapaneca “Otros Mundos, AC”, donde el líder, Gustavo Castro, le hizo ver las atrocidades provocadas por la minería.

Ahora, Gabo estaba luchando en contra del permiso de explotación de la minería en Zacualpan, una comunidad indígena de Comala. Esta vez estaban unidos la Asociación Civil Bios Iguana –a la que él pertenece, liderada por Esperanza Salazar–, la Red Mexicana Afectados por la Minería (Rema), y los habitantes del lugar rechazan tal acción.

Ollín se inquietó al leer a principios de diciembre que su amigo había sido detenido por la policía de Comala, sólo por proyectar material informativo relacionado al tema de la mina, debido a que la población carece de internet. Por fortuna, horas más tarde leyó que no lograron detenerlo, pues los mismos habitantes lo impidieron.

El 11 de diciembre, el Congreso reconoce la demanda de la comunidad indígena de Zacualpan, de “No a la mina” en su territorio comunal, y exhorta al Poder Ejecutivo a no desarrollar ningún tipo de proyecto minero en Cerro Grande, respetar la vocación ambiental y el acuífero más importante que surte agua a 300 mil habitantes de los municipios de Colima y Villa de Álvarez.

A Ollín le renacieron mucho más las ganas de ir a Zacualpan, saber qué estaba pasando en realidad. Gabo, como buen activista a favor de los intereses colectivos y, por supuesto, el equipo que conforma la lucha, invitaron a la sociedad en general a asistir a la posada “Zacualpan, Navidad sin minería”, que se celebró el 14 de diciembre.

La mujer le dijo a su amigo que no prometía nada, pero haría todo lo posible por asistir. Preguntó qué podría llevar para compartir, él sólo se limitó a responder: “Lleva un cartel de apoyo, un poema o una canción, leída o escrita, eso es mejor. Necesitamos solidaridad para seguir. Vigílanos, que no nos detengan”.

Al leer esas líneas, sintió la humildad y el amor de toda la gente que dice “No a la minería”. Ollín iría a la comunidad de Comala a vivir la experiencia en carne propia, a decir con su presencia que los apoya y agrade su acción tan valiente y bella: luchar por lo que les pertenece, nos pertenece: la tierra.





Elsa I.González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 19 de diciembre de 2013
Manzanillo, Colima, México