sábado, 5 de julio de 2014

Primera lección

Dedicado a Martha Leticia Martell Cárdenas, 
por abuso de confianza y robo.




Aborda el camión urbano o el taxi para ir al lugar donde se encuentran los Chicos In. Carga su libro de Federico Cambells –cree ocuparlo esa tarde cuando esté frente a ellos–; su libreta está empastada con la portada de Frida Kalo. Llega al edificio. Mira el reloj, es tarde. Los profesores deben llegar temprano, antes que los alumnos, piensa. En recepción, saluda, entrega sus pertenencias, se quita los aretes con el gusto de ser libre, los lentes y un billete de 50 pesos dentro de un monedero de Machupichu. Le dice su nombre completo al hombre que lo atiende, la edad, proporcionar la credencial de elector. Él, lento pero amable, pregunta si viene de alguna institución o dependencia. Lupita contesta: “Soy voluntaria”. El hombre anota los datos. Después, ella pasa a través de una puerta de herrería. Camina, baja 17 escalones, transita por un pasillo largo y ancho donde intenta contar los pasos; no puede, se distrae al pensar que se adentra a un mundo distinto al que vive. Piensa en los Chicos In, en los demás varones que no entraron por gusto o no pudieron ser parte del taller. Cuenta 60 y tantos, pierde el número. Voltea a ver las cámaras, sabe que la están observando. Su rostro se transforma, deja de ser rígido para ser flexible. Empieza a sentir alegría al imaginar a los talleristas esperando su arribo. Ríe. Deja el andén. Toca una puerta de metal. Un guardia abre. Lupita da su pase de entrada, accede, camina pocos metros, detiene la vista en una pared que desea convertirla en mural, en frente hay una cancha deportiva. Retorna el andar. Pasará la última puerta. Timbra. Otro guardia da las buenas tardes con una sonrisa. Ella responde feliz de haber llegado. Entra al salón, pide una disculpa por la demora. Los Chicos In se paran del suelo o las sillas, vuelven a ser niños, gritan, saludando con desentono. Unos se le arriman para hablarle sobre la tarea de la sesión anterior. Los tranquiliza con voz seria: “Chicos, a ver, quien desee ir al baño, a la tienda a comprar palomitas o refresco, háganlo de una vez, por favor”. Se escuchan algunas risas, otros callan desconcertados.

Lupita desconoce si lo hace bien o no. Se limita a mejorar la escritura, a escribir cuentos, leer literatura y trata de persuadirlos para que lean cualquier tema que les guste.

A veces, los Chicos In quieren ganarle la discusión de determinado punto, pero ella no se deja, siempre sale con otro conocimiento nuevo para ellos. Hay dos chicos que no saben leer ni escribir. Uno de ellos cuestiona cómo va a hacer la tarea. Lupita contesta: “Haz un cuento con dibujos, como en el cine, el story board”, e inicia a contarles qué es eso; todos ponen atención.

Los Chicos tienen alrededor de 20 y tantos años a 40 y tantos, aunque hay uno muy serio de 5 décadas; dos le han encargado libros específicos. Al término de la clase, se acercan a ella para preguntar si ya lo tiene. Lupita, apenada, argumenta: “Lo voy a conseguir”.

Antes de marcharse, se despide del guardia, del Chico In que solicita apoyo para aprender a escribir y escucha una voz: “Guardia, otra vez trajeron la comida bien medida”. Ella se hace la disimulada, sale del salón satisfecha y apenada.

Lunes por la mañana, la mujer encuentra anomalías administrativas en las notas de remisión de un gimnasio donde trabaja. Lety es la responsable. No hace del todo bien su trabajo, falsea información en las notas, ya sea en las fechas y cantidades pagadas por los clientes, y ve un infinidad de errores. Lo peor, se pone a pedirles dinero a los clientes sin regresarlos, también vende productos ajenos dentro del establecimiento, aunado a que le encantan los chismes.

Lety chismea con un entrenador de rutinas de ejercicios. Se pone a mandar mensajes por el famoso WhatsApp. Lupita los descubre en la jugada. Le pide copia del mismo para leerlo al día siguiente, ya que esté más tranquila. Ambos aceptan su culpa. Ella no tiene vergüenza, quiere seguir apoyando en el gimnasio, aunque no le paguen. Él ofrece disculpas de mil formas, tiene pena, sabe que hizo mal. Lupita ríe y dice: “No estoy enojada, ya enseñaron su yo verdadero, el monstruo, ni modo. Sé cómo debo de actuar, sin embargo, les diré una cosa, gracias a los Chicos In que me han dado una lección: aprender a perdonar sus acciones, borró mi cuenta nueva”.

Lety y él se sorprenden, tal vez piensen que Lupita es tonta, pero no, ella aprendió bien la a primera lección de los Chicos In: perdonar.




Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 19 de junio de 2014
Manzanillo, Colima, México


miércoles, 25 de junio de 2014

Formación




Daly, a la edad de 18 años cuestionaba a su madre cómo era posible que fulanita de tal se atreviera a hablarle como si nada, sabiendo que le caía mal. La señora le respondía: “En la vida hay que ser hipócritas”. La respuesta no le agradaba para nada, tampoco la entendía del todo.

Berenice, la chiapaneca, mujer morena, de nariz grande y con raquítica belleza exterior, solía mirar a las compañeras a detalle, al mismo tiempo le agradaba fingir ante los demás y presumir lo que no tenía. Todo lo contrario a la otra chica.

En el transcurso de los años, Daly fue haciéndose y deshaciéndose de amistades. Lo fácil fue lo segundo, y lo difícil, diferenciar a los amigos verdaderos de los falsos.

¡Tal parece que hoy en día la hipocresía está de oferta hasta en las tiendas de la esquina! Es una pandemia a nivel nacional, pero ¿por qué el hábito de mentir es adquirido sin prejuicio alguno?

La palabra hipócrita viene del griego hypokrites, que significa actor. Está compuesta del prefijo “hypo” (debajo de, y “krynein”, donde se desprenden las palabras criticar y crisis), significa “alguien que critica por debajo”.

La hipocresía es una manera de mentir, sólo que aquí se miente de manera permanente y deliberada. El hipócrita rebaja su condición humana porque deja su esencia a cambio de intereses superfluos.

Es verdad que algunas personas han cometido actos de hipocresía, sin embargo, esto pesa cuando se hace un estilo de vida; el hipócrita padece inseguridad y está acomplejado porque teme a mostrarse tal cual es.

En la infancia, los regaños de los padres dirigidos a sus hijos al suscitarse las peleas físicas o verbales entre hermanos, existe la pregunta obligada por parte de ellos: ¿Quién empezó a reñir? Cualquiera podría contestar: “Fue él”, y es común no castigarle al niño que tiene mejores argumentos, pero no siempre el que sabe manejarlos es el que dice la verdad.

La madre o el padre deben detectar si en realidad se está mintiendo o no, y con qué fin, pues si no se corrige, cuando se llega a la edad madura podría convertirse en un verdadero problema.

Sucede a menudo en la vida real. A veces pareciera ser el requisito primordial para conseguir un determinado trabajo laboral o se aspira alcanzar un puesto político. Por fortuna, no todo es eterno. La gente que se encuentra alrededor, tarde o temprano detecta esta máscara.

En la actualidad, es importante que los padres de familia platiquen con sus hijos para inculcarles los principios y valores del ser humano, con la intención de actuar en un futuro de acuerdo a ciertas reglas para convertirse en una mejor persona.

Si en la familia no se practica la aceptación de la persona con sus defectos y virtudes, es muy probable que al individuo a su corta edad le cueste trabajo comprender la respuesta a su mal actuar, trayendo como consecuencia llamadas de atención, regaños o castigos para corregir la conducta.

No es raro encontrar hombres y mujeres escondidos bajo máscaras oscuras, tratando de ocultar su personalidad, muy distinta a la que muestran a la sociedad. Muchas veces la razón es conseguir un interés personal porque consideran que su verdadero yo no conseguiría lo mismo que el falso. El único afectado en esto, a la larga es el actor, no el espectador.

Pareciera que la hipocresía es un hábito aceptado por muchos. Lo tenemos incluido y comercializado hasta en los medios publicitarios por televisión en el momento de ver imágenes no verdaderas con el simple hecho de vender, sin importar qué tanto se es real.

Decía un vendedor de spot de radio: “Mi jefe dice que es un fresa, pero debe ser naco, ya que a los radioescuchas les gustan el tipo de canciones sin contenido, las que transmitimos en la estación; ni modo, eso es lo que se vende. Al público, lo que pida, de ellos comemos”.

Sería conveniente hacerse las preguntas: ¿Qué tipo de persona se quiere ser?, ¿es capaz de aceptar sus ángeles y demonios o quiere inventar una personalidad que no tiene?



Elsa I.González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 12 de junio de 2014
Manzanillo, Colima, México 

jueves, 5 de junio de 2014

Profesor Talento

                                                                                                    A Tonatiuh Quiñones Pérez.

Desde mayo de 2013, Javier Tonatiuh ha sido invitado por instituciones educativas a impartir conferencias a la sociedad estudiantil. Los temas que él ha manejado ante un auditorio, que va desde 180 a mil personas, son Animador sociocultural para el desarrollo comunitario; Liderazgo integral basado en principios del desarrollo humano; La pasión de ser docente; Liderazgo académico; Jóvenes y participación política, y Medio ambiente. Lo ha hecho en la Universidad Pedagógica Nacional en tres ocasiones, el Centro Regional de Educación (Cren), en Ciudad Guzmán; Instituto Superior de Educación Normal (Isenco), en Cuauhtémoc y Manzanillo, Colima; Universidad Pedagógica Nacional (UPN), Zitácuaro, Michoacán; el Conalep y Bachilleratos Técnicos No. 8 y 9; a catedráticos de la zona escolar No. 33, y a comunidades rurales, por mencionar algunos.

El 28 de mayo, Javier invitó a dos amigas a la tierra de Juan José Arreola, Ciudad Guzmán, a acompañarlo a una charla que daría a los estudiantes de la UPN.

A las 7:30 de la mañana abordaron el autobús en la Terminal de Manzanillo a Colima; la alegría de los chicos apagaron los ánimos de recuperar las horas faltantes de sueño, pues sólo habían dormido 4 la noche anterior.

A través de la ventanilla, admiraron la belleza de la naturaleza en época de lluvia: los cerros con arboledas frondosas, el cielo color plata, los acantilados sorprendentes y la serenidad de la carretera a mediados de la semana.

En Colima, se dirigieron al Instituto para el Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable (Imades), en Comala; dicha dependencia convocó a participar al concurso XVI Premio Estatal “Miguel Álvarez del Toro”, dividido en cuatro categorías: Investigación Científica y Tecnológica; Conservación de los Recursos Naturales; Cultura Ambiental y Cultura Ambiental como categoría individual; en la última, Javier obtuvo el primer lugar, y el 5 de junio se le hará entrega del galardón, junto con los demás ganadores.



Después de caminar un buen rato para encontrar la fonda, donde desayunarían huevos revueltos, chilaquiles, jugo y café de olla, retornaron a la capital para dirigirse a Zapotlán, El Grande; en Jalisco, el joven daría una conferencia a los estudiantes de nivel medio y superior de la UPN.

La hora llegó. Tonatiuh por fin pudo ponerse la camisa blanca de manga larga que tanto cuido, para que luciera impecable ante la presencia del auditorio. Vestido de pantalón color plata y calzado negro, inició la charla. Primero fue presentado por los anfitriones como parte de la Semana del Interventor, después de unos minutos, los estudiantes pudieron escuchar y ver las diapositivas mostradas en la pantalla por parte del ponente.

Las amigas se dedicaron a tomarle fotografías, durante y después del evento. En la sesión de preguntas, podía percibirse algunos rostros de esperanza, admiración y alegría de estar frente a un docente, hablando de su pasión: educar y formar personas.

El clima en la ciudad era agradable. Había llovido un poco por la mañana, así que las calles lucían limpias, con charcos. Ideal para ir a la cafetería, tomar un café y comer una rebanada de pastel de zanahoria para ellas, y para él, de cajeta.

A las 8 de la noche, Javier y una catedrática de la UPN estarían frente a las cámaras, en el programa televisivo Expresiones.

A las 10 de la noche era la última salida de autobús para regresar al lugar de origen, así que tuvieron que limitarse a saborear el café y lunch en el camión, lugar donde pudieron reponer un poco las horas de sueño.

Tonatiuh y sus amigas llegaron a casa, muy cansados. Él con otro reconocimiento más, y ellas con la satisfacción de ser parte de la vida del profesor talento.

Detrás de los premios y reconocimientos que él ha obtenido de manera individual o colectiva, existe un gran equipo de apoyo. El principal, su familia; el segundo, sus alumnos, padres de familia y algunos cuantos compañeros de trabajo; y el tercero, la nobleza de ayudar a las personas vulnerables.

Ojalá existan muchos profesores talento en el puerto, que mucha falta le hace.



Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 05 de junio de 2014
Manzanillo, Colima, México

jueves, 29 de mayo de 2014

Me late dejar las adicciones

Andy arribó al Centro de Reinvidicación Social a las 10. Días antes del evento, programó su mente para no sentir pena, si es que llegaran a revisarla a detalle. Por lo mismo, ese día se vistió lo más conservadora posible. Antes de entrar al edificio, fue sorprendida por un joven militar, quien con amabilidad le dijo que en la entrada del inmueble podrían informar dónde sería la clausura de la segunda generación del módulo “Me late dejar las adicciones”.

No esperó mucho tiempo para ser atendida; tampoco la revisaron. Cuando cuestionó por la persona que la había invitado al evento, el personal del Cereso la condujo hasta encontrarla.

Andy transitó frente al estante de guarda-objetos, permaneció muy cerca de los cuartos de revisión femenil y menores, leyó las indicaciones de cómo comportarse dentro del centro y la forma en que son sometidas las personas a la inspección. Durante la espera, vio un rostro conocido, al contador de una agencia naviera, y a una mujer de quien sintió su mirada interrogante: ¿A quién vienes a visitar?

La trabajadora social condujo a Andy hacia donde se encontraban los invitados especiales y parte del pódium. La visitante se presentó con el director del plantel. Él, sin conocerla, adivinó quién era: “Ah, usted es la maestra”. Contenta saludó de beso al contador que tenía a pocos centímetros de distancia. Un toldo plástico los protegía de los rayos del sol, el calor de mayo es casi insoportable, de 33 grados centígrados.

Más tarde se trasladaron al lugar donde se efectuaría la ceremonia. Los andenes estaban desiertos. Del lado derecho, una fila de 14 hombres, vestidos de color verde, caminaban a paso acelerado hacia un costado del auditorio; en sentido contrario, otros chicos llegaron calzando tenis negros, con la inicial “R”. La audiencia estaba conformada por instructores del módulo de desintoxicación: voluntarios, trabajadores de instituciones de gobierno e integrantes de asociaciones civiles y familiares de los internos. No sumaban más de 60.

El techo, semidesnudo, no tenía enjarre. Gracias a eso y a la altura, un par de golondrinas buscaban espacio para hacer su nido. Se inició la ceremonia con honores a la bandera. Los invitados saludaron de la manera en que creen que deben hacerlo. Andy escuchó la banda de guerra y el canto jubiloso del Himno Nacional.

La fila de hombres del lado derecho eran quienes se graduaban; los del izquierdo, la primera generación, y al final llegaron 20 hombres más con camisetas amarillas que se quitaron y quemaron en una herramienta tipo asador de forma cilíndrica, y en seguida se pusieron playeras verdes para pertenecer a la tercera generación.

Andy había leído bien las instrucciones pegadas en un rótulo de la pared: “No hacer actos de proselitismo”, decía. No pudo evitar reír al ver que el color de los árboles predominaba en la ropa de los internos, la palabra “Me Late” forma parte de la propaganda política del Gobierno del Estado y, lo peor, es que vio a un joven de camisa blanca y manga larga traer el logotipo de un partido político.

Los personajes del presídium tomaron la palabra de manera breve. El representante del Gobernador argumentó dos veces, dirigiéndose a los internos: “Recuerden que el estado les proporciona este apoyo, aprovéchenlo, porque en otro lugar tendrían que pagar y es carísimo”, pero Andy en silencio, desde su silla, imaginó decir: “Nos referimos al estado como parte conjunta de la sociedad. Gracias a la recaudación de impuestos que paga tu mamá, papá, hermanos, cada ciudadano que trabaja y adquiere productos y servicio de consumo”.

Ella iba en son de paz, en plan de no formar juicios, de disfrutar el evento, conocer las instalaciones del Cereso y, sobre todo, a los próximos talleristas de un curso de creación literaria y lectura que impartirá.

Le emocionó escuchar las palabras de un graduado, oír cantar a los 14 y escuchar a dos tocar la guitarra y un violonchelo.

La ceremonia terminó en menos de hora y media. Se retiraron dos hileras de hombres. Quedaron los conmemorados, quienes rompieron fila y abrazaron a sus familiares. Las aves siguieron ahí, buscando el lugar exacto donde construirán su nido, y Andy se marchó a su trabajo, contenta con la ilusión de compartir.


Elsa I.González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 29 de mayo de 2014
Manzanillo, Colima, México 

Lo bueno y lo feo de los proyectos

Son 130 pasos de oscuridad en el andén, pasos de medio metro quizá, en un andar firme. Así suele transitarse por la avenida Teniente Azueta, de la colonia Burócrata, después de las 8 de la noche. Cuidarse de las banquetas destrozadas, descender con cuidado para cruzar la acera, levantar bien los pies entre el calzado y las montañas de arena, cuidarse de los monstruos que salen del hombre libidinoso, evadir las vallas plásticas naranjas de lo que alguna vez fue camellón.

En crucero de San Pedrito, tres hombres contratados por la constructora que realiza obras del distribuidor vial, del proyecto túnel ferroviario, dan instrucción a peatones y conductores automovilísticos para transitar de manera “segura”; otros dos son empleados directamente de la dependencia de gobierno, éstos se ubican frente al banco Banjército.

La imagen diaria es evidente: los dos varones en la misma esquina coordinando el tráfico; la amorosa pareja trabaja en equipo, a corta distancia uno del otro, instruyen en la vialidad, descuidando por completo a los peatones que apenas pueden ver la circulación de los carros metálicos a medio día. Un total de cinco cuidadores mal distribuidos en el corredor.

Hace menos de una semana, los caminos que conducen hacia las colonias Burócrata y San Pedrito fueron tapados por largas paredes de madera; dentro colocaron un recipiente enorme, similar a un tinaco, varillas y en la esquina de enfrente, un baño público para los trabajadores de la construcción.

Mucho material disperso yace en la ciudad; hay carencia de espacio digno para los manzanillenses. El ciudadano común sigue fomentando la cultura del silencio, de la no denuncia; mientras los involucrados en el desarrollo de Manzanillo se les ve en sus coches con aire acondicionado encendido, sin importarles nadie. Es posible que crean en su diminuta conciencia que los inconvenientes temporales son necesarios para el progreso del puerto.

Violeta reaccionó mejor de lo esperado. Desde hace meses, Andy había maquinado la idea de hacer algo con la población marginada. De hecho, fue en 2011 cuando estaba dentro de una asociación civil y propuso al grupo ir a leer al Centro de Rehabilitación Social. No quiso tal grupo, tampoco tuvo suficientes ganas de hacerlo sola. Ahora el panorama es distinto, suele ocurrir en la vida que lo deseado algún día se cumple, llega el momento de tenerlo ante los ojos.

Después de una llamada telefónica, donde Andy se presentó, luego mandó correo electrónico a Violeta para expresar la inquietud de dar un taller de creación literaria y lectura con los internos; se entrevistaron las dos y el proyecto va en camino, aún no arranca.

La futura tallerista conocerá a los chicos que se graduarán el viernes 23 de mayo de un módulo llamado “Desintoxicación”. Consiste en mantener a los chicos 109 días en constante aprendizaje, aislados de la población. Permanecen dentro de un programa de instrucción en diversas actividades, todo el tiempo están ocupados. Al final, los internos se gradúan y se reencuentran con los familiares.

Andy tiene la encomienda de tallerear con los de nuevo ingreso. Aún no inicia, y ya siente nervios y le emociona el proyecto.

El jueves pasado se inauguró la segunda parte del Centro Cultural Salagua. Lo interesante del proyecto realizado no sólo es haber seguido a pie de la letra los trámites necesarios para lograr bajar los recursos federales y así conseguir la creación del centro; también el ahorro económico que el ayuntamiento municipal tendrá, gracias a que ya no pagarán más renta del edificio contiguo a la CROM, donde por años laboró el personal y se encontraban los talleres artísticos.

Andy sabe que todo proyecto se inicia con un sueño. No hay proyectos malos, sólo caminos equivocados, aunque al final, todo tiene un lado positivo; sobre los proyectos del puerto, habrán muchos en marcha de manera insostenible, para beneficios de pocos.


Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 22 de mayo de 2014
Manzanillo, Colima

domingo, 18 de mayo de 2014

Fotos desde el Cerro del Toro

El Cerro del Toro queda  en la Central, Colima, una comunidad cercana al Aeropuerto Internacional Playa de Oro. 

La distancia del cerro de origen hasta la cima es de 6 kilómetros, con una altitud aproximada de 780 metros sobre el nivel del mar.

Su camino es muy bueno, amplio, pero no deja de ser un cerro empinado. La vegetación es bella. En la cumbre se ve la pequeñez de Manzanillo.

Aquí les muestro algunas fotografías que tomó Tonatiuh Quiñonez que sin su permiso tomé de una red social :), sin embargo es mi amigo y no tengo problema con eso. Prometo decírselo al rato que lo vea en el café.

Disfruten las imágenes, y cuando visiten Manzanillo, planeen una ida al Cerro del Toro.














Ejercicio al aire libre


Cuando se trata de convocar a la gente a realizar algún ejercicio al aire libre, no todos levantan la mano para decir: “Me apunto”, o “Voy”. Muchos relacionan el ejercicio con el dinero y tiempo; en realidad, no del todo es verdad.

Asistir a un gimnasio es gran estímulo para sudar en colectivo, es un club donde se puede activar el cuerpo de manera grupal, hacer nuevos amigos, estrechar el vínculo de amistad con quienes ya conoces, trabajar de manera específica algún músculo; sin embargo, no existe pretexto para no estar en movimiento. Ejercitarse en casa, cerro, jardín, playa, plaza, unidad deportiva o hasta en la azotea no implica gran inversión económica, sólo voluntad.

La pregunta sería: ¿Se tiene la voluntad suficiente para adquirir buenos hábitos en la vida? Comer bien, dejar ciertos vicios, hacer ejercicio, leer y un sinfín de cosas. Eso depende de cada ser. No es necesario envejecer o enfermarse para iniciar con el plan.

Invertir en uno mismo es lo único que se tiene. Si eres padre de familia, los hijos no son excusas. Si eres soltero, con mayor razón hay tiempo; administrar las horas es la clave.

El domingo pasado, convoqué a algunos chicos de un gimnasio para ir al Cerro del Toro. Quienes hicieron la propuesta, no fueron; quienes deseaban ir, confirmaron que no podían porque trabajan ese día.

Por fortuna, invité a T, profesor de una escuela rural. Éste a su vez invitó a sus alumnos de sexto año de primaria y a los papás de los niños.

Fuimos un total de 15 personas: tres padres de familia, el profesor, los chicos, dos guardianes (perros) y quien narra el texto.

Al principio, todo era felicidad; al paso del camino, también, sólo que en distintas etapas.

Antes de salir de casa, decidí usar de los dos zapatos deportivos que tengo, el menos nuevo. El tenis del pie izquierdo guardaba una ligera ranura en el interior de la plantilla, tal vez se hizo porque camino chueco. Nunca imaginé que cometería un error enorme. Claro, sabía lo cómodo de portar calzado para montaña, pero no tenía. T se fue vestido con su conjunto sport de color blanco, los demás como pudieron. Una madre de familia llevó huaraches con tacón. No fue por falta de ideas, más bien por la carencia de tenis. Un papá argumentó que los zapatos que llevaba puestos eran de su cuñada, se los había pedido prestados.

Los 15 fuimos platicando sobre la vegetación y fauna del lugar: “Esos animalitos son niños; el fruto naranja se come; la flor extraña es pasionaria; por allá es el terreno de fulanito; ¡miren, hay una pata de venado en el suelo!; por aquí pasó una serpiente larga; traje el palo para cortar guamúchiles”… V no paraba de hablar, mezclada sus ocurrencias con cultura general; K estuvo al pendiente de mí en todo momento; A llevó a su mascota y a D le siguió un desconocido can.

Subimos, bajamos, evadimos veredas resbalosas, temimos a las vacas y toros sueltos, anhelamos encontrar las antenas como referencia para arribar a la cima y a los puercos para saber que pronto llegaríamos al inicio; nos refrescamos con el ojo de agua que nace por ahí; comimos y bebimos los alimentos que cargábamos desde casa, caímos, tomamos fotografía y posamos frente a la cámara.

Desde la cumbre, la vista es espectacular. Puede apreciarse a Manzanillo colorido por las construcciones, la sequía de la laguna del Valle de las Garzas, el azul de mar, las cuencas del pacífico, la contaminación generada por la termoeléctrica, la vegetación en los cerros, los trazos de la ciudad.

Hicimos muchas horas de camino, más de las que un deportista de condición media podría hacer, aunque la intención no era acortar los minutos, sino convivir. Es una lástima que no siempre haya personas dispuestas a hacer ejercicio al aire libre.



Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 15 de mayo de 2014
Manzanillo, Colima, México