viernes, 8 de agosto de 2014

El lector es inteligente


ALBINO, escribo mal, tengo que mejorar”, solía decirle a uno de mis mejores amigos. Él respondía: “Elsa, lee mucho. El lector es inteligente y aprecia la honestidad del escritor. Nunca lo olvides”.

“Ah, tú eres hermana de fulanita. Fíjate que ella me cae muy bien. A muchos no, porque es muy directa. Dice las cosas como son; sabe preguntar”, expresó el fotoperiodista.

“Los coyotes son personas que cobran a los personalidades públicas para que escriban cosas buenas sobre ellos”, argumentó el conocido.

En lo particular, me sorprende saber que el periodista, columnista, colaborador o trabajador de prensa se preste a mentirle al lector, si su trabajo es informar la verdad de los hechos. ¿Cómo puede darse cuenta el lector cuando el escritor miente?, cuestioné. “Por su congruencia”, argumentó mi amigo.

La persona que está frente al papel en blanco o computador, con pluma en mano, de alguna manera se le va conociendo. El escritor de periódico realiza su labor con fundamento, se casa con el oficio o profesión, pero no debe prestarse a publicar sólo para hablar bien de equis personaje; es preciso mencionar la fuente para dar el crédito o responsabilidad al informante; asegurar si es posible la veracidad de las declaraciones.

Debo –siendo crítica–, de alguna manera, compensar los males que veo en la sociedad. No sólo estar en la posición cómoda de expresar opiniones sin actuar para mejorar, aunque claro, esa no es una regla ética de quien escribe, más bien es formativo.

De niña, escuchaba con atención la radio, admiraba las voces de los locutores, y en algún tiempo imaginé estar detrás del micrófono; esto fue gracias a la grandiosa idea que tuvo la maestra de preescolar en llevarnos a conocer la estación radiofónica XECS 860.

No fui locutora, tampoco periodista, sólo colaboradora de lo que decía Osiris: “Diario personal”. Así que aprovecho las vivencias ajenas y propias de la vida en el puerto para plasmarlas en papel.

Sí, escribo mal, lo acepto, sin embargo, creo tener algo rescatable que muchos periodistas con título o sin título tienen: respeto a los lectores.

En marzo, publicaron en este medio mi texto, “Hablemos de Ale”. Ahí hago referencia a la mujer que tomó el cargo de tesorera municipal de Manzanillo; a ella la conozco hace más de 20 años, somos unas amigas muy críticas, sinceras y exigentes.

Lo menciono porque no estoy acostumbrada a hablar bien de las personas, ya que tengo la creencia de que las acciones hablan por uno mismo. Sin embargo, por el respeto que se merece Ruth Alejandra López Santana, sus subordinados, la investidura que representa y los lectores porteños, no hablaré de cosas privadas que hemos conversado respecto a su trabajo; lo que sí haré es repetir un trozo de texto a quienes se atreven a calumniarla:

“Ella es una mujer muy capaz. Quizá cometa errores al principio de su gestión, pero tendrá que apoyarse mucho de su equipo de trabajo. Cada compañero que esté a su lado debe ser proactivo y honesto para ser un buen juego de mancuernas, si no, seguro no estará en ese departamento”.

Nadie contradice hasta ahora la asignación del puesto público que le dieron a Alejandra, tampoco la infinidad de cargos que les reparten a muchos empleados de gobierno e iniciativa privada. Lo interesante es saber si la función es bien desempeñada o no. Sería fabuloso contar con auditores externos para tener una respuesta confiable y, por supuesto, hacérsela saber a los ciudadanos. Por otro lado, es verdad, su currículum vitae como contadora pública es corto, quizá más porque tiene la filosofía: basta una hoja para describir los antecedentes laborales.

Lo que muchos no saben es que su currículum personal es más extenso a comparación de muchas personalidades egocéntricas, carentes de honestidad.

En efecto, es preferible tener a nuestro alrededor trabajadores inexpertos que se esfuercen en aprender cosas nuevas, en lugar de muy vivos, porque de éstos hay que cuidarse la espalda.

La honestidad, don de gentes, en todo sentido de la palabra, la responsabilidad y sencillez son virtudes que jamás podrán comprarse, y Ale las posee. Por cierto, a ella no le han importado mucho los títulos para sobresalir, prueba de esto es saber dónde tiene su título universitario: bajo el colchón.el 

Por otro lado, es buenísima la idea poner a un ex tesorero de modo de coordinación –apoyo o staff– al departamento, pues eso asegurará un verdadero trabajo en equipo.

Sería interesante que todos los que intentamos escribir columnas periodísticas tomáramos las opiniones de varias voces, no creerle 100 por ciento a una, carente de valentía para hablar en voz alta.

Tiempo al tiempo. Cuatro meses en el cargo no arroja resultados titánicos. Lo que sí podría decir es que ha puesto a la gente a trabajar.





Elsa I. González Cárdenas
Publicado el 17 de julio de 2014
En el Diario de Colima
Manzanillo, Colima, México

jueves, 10 de julio de 2014

Experiencia


La poca experiencia que he tomado al impartir un taller de creación literaria y lectura con los internos del Centro de Rehabilitación Social, en compañía del amigo profesor Tonatiuh, ha sido muy grata.


Una hora y media frente a un grupo de 18 hombres, con edades de 20 y tantos a 50 años, me hace recordar momentos de mi adolescencia. Es verdad, no es fácil instruir a personas de distintos niveles educativos que en su mayoría sólo tienen secundaria o preparatoria.



Al preguntarles enseñanzas de nivel básico, el uso de las esdrújulas, graves, agudas, mayúsculas y un poco de ortografía, puedo percatarme que tanto ellos como los estudiantes que he guiado a nivel superior, padecen los mismos vicios, o mejor dicho, hicieron poco caso en aprenderlo; lo peor es que no les importa en absoluto.



Por otro lado, al revisar los textos que los chicos hacen como parte de la tarea, puedo leer historias interesantes y hasta graciosas, por supuesto, también confieso que he percibido la habilidad de escribir en algún compañero.



A veces pienso que el grupo aprenderá más cosas de las que yo aprendí dentro de una institución educativa; además, la intención no es sólo estar de guía, hablando de literatura o haciendo lecturas, sino escuchar más voces, otras experiencias, y realizar dinámicas. Por eso, programo invitaciones de amigos que puedan compartir sus conocimientos en distintas áreas: arte o humanísticas.



En una ocasión, les presté el libro Cuba para principiantes, de Rius, donde habla sobre el embargo comercial de Estados Unidos de Norteamérica a la isla; luego hablé sobre mi viaje a ese país. Por equis motivo, comenté que me había tocado ver cómo se llevaban preso a un joven en la Feria del Libro, por haber robado libros; no faltó la exposición de los rostros de los detenidos en el día, transmitido por televisión, y la compra de varios discos compactos grabados en la clandestinidad, al igual que los habanos Cohiba.



“Me sentí delincuente al entrar con cautela, al cuarto donde grababan los discos”, argumenté. Sin pensar que a más de uno, incomodaría con la expresión. Lo supe al oír: “Ah, gracias”. Qué podía hacer , desconocía cómo omitir la palabra “delincuente”.



Lo que no saben es, quien esté frente a ellos –al menos a mí me pasa– no los ven como delincuentes, sino como seres humanos con caminos equivocados.



Más de una ocasión les he dicho que deben de aprender de todo esto, los errores son del pasado y deben tratar ser mejores personas cada día.



Analizando la situación de los talleristas, me doy cuenta que muchos llevan bien puesto el término “delincuente”. Entonces, pienso: ¿Qué más castigo puede tener una hombre está privado de su libertad? Es cierto, el Cereso tiene sus carencias, castigos y, por qué no decirlo, beneficios para quien delinquió.



El programa de desintoxicación dentro del centro es llevado a cabo, gracias a los voluntarios independientes, de asociaciones civiles, trabajadores del mismo plantel o dependientes gubernamentales, incluso hasta de agrupaciones religiosas. El proyecto es buenísimo, sin embargo, hacen falta más actividades por impartir. Los chicos tienen la disponibilidad y actitud de aprender todo lo que se desee enseñar.



En la primera visita que hicimos Tonatiuh y yo con los 18 varones, nos dimos cuenta que dos de ellos no sabían leer ni escribir; en la tercera, uno ya estaba aprendiendo. A ambos nos sorprendió escucharlo leer unas palabras.



Hacen falta músicos que les compartan sus conocimientos en su arte, tal vez en tocar el violonchelo. Menciono ese instrumento porque hay uno dentro del cuarto donde se imparten los talleres; así como sería fenomenal impartir clases de baile, seguro los pies izquierdos se convertirían en derechos; la existencia de un cine club semanal con largometrajes bien elegidos.



Por eso mismo, me atrevo a convocar a todas las personas que profesan el amor, la paz, cultura, educación y obras sociales, a que volteen a ver hacia otro lado; dejen la comodidad, los miedos, y compartan su tiempo y conocimientos con los grupos marginados.



Seamos inteligentes, no podemos taparnos los ojos frente a infinidad de hombres y mujeres que salen de las cárceles sin haber obtenido dentro días menos tristes con ayuda de la sociedad.



Recuerden la trillada frase: todos somos uno. En verdad, es una excelente experiencia ser parte del programa , ¿quién dice yo?




Elsa I. González Cárdenas
Este texto, pudo haber sufrido alguna modificaciones.

Publicado en el Diario de Colima
El 10 de julio de 2014
Manzanillo, Colima, México 

sábado, 5 de julio de 2014

Sin mangas el chaleco


La iniciativa de la “ley chaleco”, hecha por el gobernador de Colima, según declaraciones del diputado Arturo García Arias, fue aprobada por el Congreso local; ésta obliga a todos los motociclistas a portar un chaleco que en la espalda muestre el número de la placa de circulación.

El argumento manejado es porque se han cometido delitos en los últimos meses, de personas a bordo de motocicletas, por lo que es importante reglamentar.

Siendo objetivos y congruentes, dicha medida de seguridad para los motociclistas no es favorable ni desfavorable; en cambio, para las autoridades es muy positiva. Tal vez para los conductores pueda pensarse que es una ley antisegura, debido a la situación de inseguridad que se vive en el estado de Colima y en todo el país. Ellos quizá crean que perderán su privacidad, por llamarlo de alguna manera. Siendo razonables, no hay pretexto, porque toda la información personal está registrada en el departamento de Tránsito y Vialidad de cada municipio.

Por otro lado, los empresarios del área de Comercio Exterior en el puerto de Manzanillo, en específico agentes aduanales, navieros y transportistas, deberían establecer en sus cláusulas de contrato laboral del personal operativo, que se apeguen a la “ley chaleco”. Los tramitadores, embarcadores y mensajeros de oficinas, la mayoría tiene como forma de desplazamiento la motocicleta.

¿Cuántas veces hemos visto transitar por las calles a padres de familia en el vehículo de dos llantas, acompañado de su bebé y mujer, sin que sean multados por las autoridades? En estos casos, sería excelente la aplicación de la “ley chaleco”, por obvias razones: no sólo pone en riesgo la vida de los tripulantes, también a quien resultara ser el victimario; portar el chaleco con la placa, sería más fácil identificar al conductor y, por supuesto, proceder a la sanción correspondiente. Negarse a portar el chaleco por razones antiestéticas es inaceptable; expresar que no es un elemento de protección como el casco, es válido.

Sería conveniente dialogar con el sector conformado por motociclistas, antes de empezar a multar a quienes no porten tal chaleco, así como hablarles de estadísticas en otros países que presumen se han favorecido gracias a su uso, pero no imponerlo sin razón explicativa.

Sobre la marcha que hubo el sábado 28 de junio, en la cual participaron cientos de motociclistas, cuyo recorrido fue del crucero de Las Brisas hasta la Presidencia Municipal, con el fin de protestar contra esta ley, tuvo éxito. Según no hubo distinción alguna sobre las marcas de los móviles, aunque en realidad el conductor de una Harley o Shadow no tiene los mismos fines para estar en contra de la nueva ley; éstos practican el motociclismo por placer, en cambio, para la mayoría, es una herramienta de trabajo.

Lo interesante de todo es saber que no es la primera vez que la sociedad motorizada organiza en conjunto una marcha. Lo hizo hace años, cuando un policía conducía, según recuerdo, en estado de ebriedad, una camioneta de trabajo, la cual se impacta con una pareja de jóvenes que montaban una motocicleta. Ambos –al menos uno lo sé de cierto– era –aún lo es de medio tiempo– dependiente de una agencia aduanal; otra es el recorrido que hacen cada mes de marzo a visitar a la Virgen de Talpa, sin olvidar la participación en la peregrinación en las fiestas guadalupanas del municipio.

Hace tiempo, le cuestioné a un tramitador, un señor que tiene muchos años en el medio, por qué no forman una asociación civil para que todos los asociados puedan apoyarse en futuros accidentes, enfermedades, gastos funerarios, en caso de muerte e indemnización a la familia del acaecido; la respuesta fue: “Estamos en eso, para allá vamos”.

Hasta la fecha, sigo contemplando desde lejos la excelente labor que hacen los tramitadores aduanales, pues gracias a ellos, portamos todo tipo de ropa, consumimos alimentos, accesorios de limpieza, higiene, calzado, textiles, juguetes y hasta tornillos de 5 milímetros, pero sigo pensando que les falta solidarizarse para armar un gremio por el bien de ellos.

Ojalá el gran poder de convocatoria que tuvieron los motorizados, la semana pasada, sea el principio de una asociación, y no sólo sea para protestar. Y que algún día un tramitador diga: “Sin mangas el chaleco, por favor”, llevando el rótulo de una asociación civil.



Elsa I . González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 4 de julio de 2014
Manzanillo, Colima

Primera lección

Dedicado a Martha Leticia Martell Cárdenas, 
por abuso de confianza y robo.




Aborda el camión urbano o el taxi para ir al lugar donde se encuentran los Chicos In. Carga su libro de Federico Cambells –cree ocuparlo esa tarde cuando esté frente a ellos–; su libreta está empastada con la portada de Frida Kalo. Llega al edificio. Mira el reloj, es tarde. Los profesores deben llegar temprano, antes que los alumnos, piensa. En recepción, saluda, entrega sus pertenencias, se quita los aretes con el gusto de ser libre, los lentes y un billete de 50 pesos dentro de un monedero de Machupichu. Le dice su nombre completo al hombre que lo atiende, la edad, proporcionar la credencial de elector. Él, lento pero amable, pregunta si viene de alguna institución o dependencia. Lupita contesta: “Soy voluntaria”. El hombre anota los datos. Después, ella pasa a través de una puerta de herrería. Camina, baja 17 escalones, transita por un pasillo largo y ancho donde intenta contar los pasos; no puede, se distrae al pensar que se adentra a un mundo distinto al que vive. Piensa en los Chicos In, en los demás varones que no entraron por gusto o no pudieron ser parte del taller. Cuenta 60 y tantos, pierde el número. Voltea a ver las cámaras, sabe que la están observando. Su rostro se transforma, deja de ser rígido para ser flexible. Empieza a sentir alegría al imaginar a los talleristas esperando su arribo. Ríe. Deja el andén. Toca una puerta de metal. Un guardia abre. Lupita da su pase de entrada, accede, camina pocos metros, detiene la vista en una pared que desea convertirla en mural, en frente hay una cancha deportiva. Retorna el andar. Pasará la última puerta. Timbra. Otro guardia da las buenas tardes con una sonrisa. Ella responde feliz de haber llegado. Entra al salón, pide una disculpa por la demora. Los Chicos In se paran del suelo o las sillas, vuelven a ser niños, gritan, saludando con desentono. Unos se le arriman para hablarle sobre la tarea de la sesión anterior. Los tranquiliza con voz seria: “Chicos, a ver, quien desee ir al baño, a la tienda a comprar palomitas o refresco, háganlo de una vez, por favor”. Se escuchan algunas risas, otros callan desconcertados.

Lupita desconoce si lo hace bien o no. Se limita a mejorar la escritura, a escribir cuentos, leer literatura y trata de persuadirlos para que lean cualquier tema que les guste.

A veces, los Chicos In quieren ganarle la discusión de determinado punto, pero ella no se deja, siempre sale con otro conocimiento nuevo para ellos. Hay dos chicos que no saben leer ni escribir. Uno de ellos cuestiona cómo va a hacer la tarea. Lupita contesta: “Haz un cuento con dibujos, como en el cine, el story board”, e inicia a contarles qué es eso; todos ponen atención.

Los Chicos tienen alrededor de 20 y tantos años a 40 y tantos, aunque hay uno muy serio de 5 décadas; dos le han encargado libros específicos. Al término de la clase, se acercan a ella para preguntar si ya lo tiene. Lupita, apenada, argumenta: “Lo voy a conseguir”.

Antes de marcharse, se despide del guardia, del Chico In que solicita apoyo para aprender a escribir y escucha una voz: “Guardia, otra vez trajeron la comida bien medida”. Ella se hace la disimulada, sale del salón satisfecha y apenada.

Lunes por la mañana, la mujer encuentra anomalías administrativas en las notas de remisión de un gimnasio donde trabaja. Lety es la responsable. No hace del todo bien su trabajo, falsea información en las notas, ya sea en las fechas y cantidades pagadas por los clientes, y ve un infinidad de errores. Lo peor, se pone a pedirles dinero a los clientes sin regresarlos, también vende productos ajenos dentro del establecimiento, aunado a que le encantan los chismes.

Lety chismea con un entrenador de rutinas de ejercicios. Se pone a mandar mensajes por el famoso WhatsApp. Lupita los descubre en la jugada. Le pide copia del mismo para leerlo al día siguiente, ya que esté más tranquila. Ambos aceptan su culpa. Ella no tiene vergüenza, quiere seguir apoyando en el gimnasio, aunque no le paguen. Él ofrece disculpas de mil formas, tiene pena, sabe que hizo mal. Lupita ríe y dice: “No estoy enojada, ya enseñaron su yo verdadero, el monstruo, ni modo. Sé cómo debo de actuar, sin embargo, les diré una cosa, gracias a los Chicos In que me han dado una lección: aprender a perdonar sus acciones, borró mi cuenta nueva”.

Lety y él se sorprenden, tal vez piensen que Lupita es tonta, pero no, ella aprendió bien la a primera lección de los Chicos In: perdonar.




Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 19 de junio de 2014
Manzanillo, Colima, México


miércoles, 25 de junio de 2014

Formación




Daly, a la edad de 18 años cuestionaba a su madre cómo era posible que fulanita de tal se atreviera a hablarle como si nada, sabiendo que le caía mal. La señora le respondía: “En la vida hay que ser hipócritas”. La respuesta no le agradaba para nada, tampoco la entendía del todo.

Berenice, la chiapaneca, mujer morena, de nariz grande y con raquítica belleza exterior, solía mirar a las compañeras a detalle, al mismo tiempo le agradaba fingir ante los demás y presumir lo que no tenía. Todo lo contrario a la otra chica.

En el transcurso de los años, Daly fue haciéndose y deshaciéndose de amistades. Lo fácil fue lo segundo, y lo difícil, diferenciar a los amigos verdaderos de los falsos.

¡Tal parece que hoy en día la hipocresía está de oferta hasta en las tiendas de la esquina! Es una pandemia a nivel nacional, pero ¿por qué el hábito de mentir es adquirido sin prejuicio alguno?

La palabra hipócrita viene del griego hypokrites, que significa actor. Está compuesta del prefijo “hypo” (debajo de, y “krynein”, donde se desprenden las palabras criticar y crisis), significa “alguien que critica por debajo”.

La hipocresía es una manera de mentir, sólo que aquí se miente de manera permanente y deliberada. El hipócrita rebaja su condición humana porque deja su esencia a cambio de intereses superfluos.

Es verdad que algunas personas han cometido actos de hipocresía, sin embargo, esto pesa cuando se hace un estilo de vida; el hipócrita padece inseguridad y está acomplejado porque teme a mostrarse tal cual es.

En la infancia, los regaños de los padres dirigidos a sus hijos al suscitarse las peleas físicas o verbales entre hermanos, existe la pregunta obligada por parte de ellos: ¿Quién empezó a reñir? Cualquiera podría contestar: “Fue él”, y es común no castigarle al niño que tiene mejores argumentos, pero no siempre el que sabe manejarlos es el que dice la verdad.

La madre o el padre deben detectar si en realidad se está mintiendo o no, y con qué fin, pues si no se corrige, cuando se llega a la edad madura podría convertirse en un verdadero problema.

Sucede a menudo en la vida real. A veces pareciera ser el requisito primordial para conseguir un determinado trabajo laboral o se aspira alcanzar un puesto político. Por fortuna, no todo es eterno. La gente que se encuentra alrededor, tarde o temprano detecta esta máscara.

En la actualidad, es importante que los padres de familia platiquen con sus hijos para inculcarles los principios y valores del ser humano, con la intención de actuar en un futuro de acuerdo a ciertas reglas para convertirse en una mejor persona.

Si en la familia no se practica la aceptación de la persona con sus defectos y virtudes, es muy probable que al individuo a su corta edad le cueste trabajo comprender la respuesta a su mal actuar, trayendo como consecuencia llamadas de atención, regaños o castigos para corregir la conducta.

No es raro encontrar hombres y mujeres escondidos bajo máscaras oscuras, tratando de ocultar su personalidad, muy distinta a la que muestran a la sociedad. Muchas veces la razón es conseguir un interés personal porque consideran que su verdadero yo no conseguiría lo mismo que el falso. El único afectado en esto, a la larga es el actor, no el espectador.

Pareciera que la hipocresía es un hábito aceptado por muchos. Lo tenemos incluido y comercializado hasta en los medios publicitarios por televisión en el momento de ver imágenes no verdaderas con el simple hecho de vender, sin importar qué tanto se es real.

Decía un vendedor de spot de radio: “Mi jefe dice que es un fresa, pero debe ser naco, ya que a los radioescuchas les gustan el tipo de canciones sin contenido, las que transmitimos en la estación; ni modo, eso es lo que se vende. Al público, lo que pida, de ellos comemos”.

Sería conveniente hacerse las preguntas: ¿Qué tipo de persona se quiere ser?, ¿es capaz de aceptar sus ángeles y demonios o quiere inventar una personalidad que no tiene?



Elsa I.González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 12 de junio de 2014
Manzanillo, Colima, México 

jueves, 5 de junio de 2014

Profesor Talento

                                                                                                    A Tonatiuh Quiñones Pérez.

Desde mayo de 2013, Javier Tonatiuh ha sido invitado por instituciones educativas a impartir conferencias a la sociedad estudiantil. Los temas que él ha manejado ante un auditorio, que va desde 180 a mil personas, son Animador sociocultural para el desarrollo comunitario; Liderazgo integral basado en principios del desarrollo humano; La pasión de ser docente; Liderazgo académico; Jóvenes y participación política, y Medio ambiente. Lo ha hecho en la Universidad Pedagógica Nacional en tres ocasiones, el Centro Regional de Educación (Cren), en Ciudad Guzmán; Instituto Superior de Educación Normal (Isenco), en Cuauhtémoc y Manzanillo, Colima; Universidad Pedagógica Nacional (UPN), Zitácuaro, Michoacán; el Conalep y Bachilleratos Técnicos No. 8 y 9; a catedráticos de la zona escolar No. 33, y a comunidades rurales, por mencionar algunos.

El 28 de mayo, Javier invitó a dos amigas a la tierra de Juan José Arreola, Ciudad Guzmán, a acompañarlo a una charla que daría a los estudiantes de la UPN.

A las 7:30 de la mañana abordaron el autobús en la Terminal de Manzanillo a Colima; la alegría de los chicos apagaron los ánimos de recuperar las horas faltantes de sueño, pues sólo habían dormido 4 la noche anterior.

A través de la ventanilla, admiraron la belleza de la naturaleza en época de lluvia: los cerros con arboledas frondosas, el cielo color plata, los acantilados sorprendentes y la serenidad de la carretera a mediados de la semana.

En Colima, se dirigieron al Instituto para el Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable (Imades), en Comala; dicha dependencia convocó a participar al concurso XVI Premio Estatal “Miguel Álvarez del Toro”, dividido en cuatro categorías: Investigación Científica y Tecnológica; Conservación de los Recursos Naturales; Cultura Ambiental y Cultura Ambiental como categoría individual; en la última, Javier obtuvo el primer lugar, y el 5 de junio se le hará entrega del galardón, junto con los demás ganadores.



Después de caminar un buen rato para encontrar la fonda, donde desayunarían huevos revueltos, chilaquiles, jugo y café de olla, retornaron a la capital para dirigirse a Zapotlán, El Grande; en Jalisco, el joven daría una conferencia a los estudiantes de nivel medio y superior de la UPN.

La hora llegó. Tonatiuh por fin pudo ponerse la camisa blanca de manga larga que tanto cuido, para que luciera impecable ante la presencia del auditorio. Vestido de pantalón color plata y calzado negro, inició la charla. Primero fue presentado por los anfitriones como parte de la Semana del Interventor, después de unos minutos, los estudiantes pudieron escuchar y ver las diapositivas mostradas en la pantalla por parte del ponente.

Las amigas se dedicaron a tomarle fotografías, durante y después del evento. En la sesión de preguntas, podía percibirse algunos rostros de esperanza, admiración y alegría de estar frente a un docente, hablando de su pasión: educar y formar personas.

El clima en la ciudad era agradable. Había llovido un poco por la mañana, así que las calles lucían limpias, con charcos. Ideal para ir a la cafetería, tomar un café y comer una rebanada de pastel de zanahoria para ellas, y para él, de cajeta.

A las 8 de la noche, Javier y una catedrática de la UPN estarían frente a las cámaras, en el programa televisivo Expresiones.

A las 10 de la noche era la última salida de autobús para regresar al lugar de origen, así que tuvieron que limitarse a saborear el café y lunch en el camión, lugar donde pudieron reponer un poco las horas de sueño.

Tonatiuh y sus amigas llegaron a casa, muy cansados. Él con otro reconocimiento más, y ellas con la satisfacción de ser parte de la vida del profesor talento.

Detrás de los premios y reconocimientos que él ha obtenido de manera individual o colectiva, existe un gran equipo de apoyo. El principal, su familia; el segundo, sus alumnos, padres de familia y algunos cuantos compañeros de trabajo; y el tercero, la nobleza de ayudar a las personas vulnerables.

Ojalá existan muchos profesores talento en el puerto, que mucha falta le hace.



Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 05 de junio de 2014
Manzanillo, Colima, México

jueves, 29 de mayo de 2014

Me late dejar las adicciones

Andy arribó al Centro de Reinvidicación Social a las 10. Días antes del evento, programó su mente para no sentir pena, si es que llegaran a revisarla a detalle. Por lo mismo, ese día se vistió lo más conservadora posible. Antes de entrar al edificio, fue sorprendida por un joven militar, quien con amabilidad le dijo que en la entrada del inmueble podrían informar dónde sería la clausura de la segunda generación del módulo “Me late dejar las adicciones”.

No esperó mucho tiempo para ser atendida; tampoco la revisaron. Cuando cuestionó por la persona que la había invitado al evento, el personal del Cereso la condujo hasta encontrarla.

Andy transitó frente al estante de guarda-objetos, permaneció muy cerca de los cuartos de revisión femenil y menores, leyó las indicaciones de cómo comportarse dentro del centro y la forma en que son sometidas las personas a la inspección. Durante la espera, vio un rostro conocido, al contador de una agencia naviera, y a una mujer de quien sintió su mirada interrogante: ¿A quién vienes a visitar?

La trabajadora social condujo a Andy hacia donde se encontraban los invitados especiales y parte del pódium. La visitante se presentó con el director del plantel. Él, sin conocerla, adivinó quién era: “Ah, usted es la maestra”. Contenta saludó de beso al contador que tenía a pocos centímetros de distancia. Un toldo plástico los protegía de los rayos del sol, el calor de mayo es casi insoportable, de 33 grados centígrados.

Más tarde se trasladaron al lugar donde se efectuaría la ceremonia. Los andenes estaban desiertos. Del lado derecho, una fila de 14 hombres, vestidos de color verde, caminaban a paso acelerado hacia un costado del auditorio; en sentido contrario, otros chicos llegaron calzando tenis negros, con la inicial “R”. La audiencia estaba conformada por instructores del módulo de desintoxicación: voluntarios, trabajadores de instituciones de gobierno e integrantes de asociaciones civiles y familiares de los internos. No sumaban más de 60.

El techo, semidesnudo, no tenía enjarre. Gracias a eso y a la altura, un par de golondrinas buscaban espacio para hacer su nido. Se inició la ceremonia con honores a la bandera. Los invitados saludaron de la manera en que creen que deben hacerlo. Andy escuchó la banda de guerra y el canto jubiloso del Himno Nacional.

La fila de hombres del lado derecho eran quienes se graduaban; los del izquierdo, la primera generación, y al final llegaron 20 hombres más con camisetas amarillas que se quitaron y quemaron en una herramienta tipo asador de forma cilíndrica, y en seguida se pusieron playeras verdes para pertenecer a la tercera generación.

Andy había leído bien las instrucciones pegadas en un rótulo de la pared: “No hacer actos de proselitismo”, decía. No pudo evitar reír al ver que el color de los árboles predominaba en la ropa de los internos, la palabra “Me Late” forma parte de la propaganda política del Gobierno del Estado y, lo peor, es que vio a un joven de camisa blanca y manga larga traer el logotipo de un partido político.

Los personajes del presídium tomaron la palabra de manera breve. El representante del Gobernador argumentó dos veces, dirigiéndose a los internos: “Recuerden que el estado les proporciona este apoyo, aprovéchenlo, porque en otro lugar tendrían que pagar y es carísimo”, pero Andy en silencio, desde su silla, imaginó decir: “Nos referimos al estado como parte conjunta de la sociedad. Gracias a la recaudación de impuestos que paga tu mamá, papá, hermanos, cada ciudadano que trabaja y adquiere productos y servicio de consumo”.

Ella iba en son de paz, en plan de no formar juicios, de disfrutar el evento, conocer las instalaciones del Cereso y, sobre todo, a los próximos talleristas de un curso de creación literaria y lectura que impartirá.

Le emocionó escuchar las palabras de un graduado, oír cantar a los 14 y escuchar a dos tocar la guitarra y un violonchelo.

La ceremonia terminó en menos de hora y media. Se retiraron dos hileras de hombres. Quedaron los conmemorados, quienes rompieron fila y abrazaron a sus familiares. Las aves siguieron ahí, buscando el lugar exacto donde construirán su nido, y Andy se marchó a su trabajo, contenta con la ilusión de compartir.


Elsa I.González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
El 29 de mayo de 2014
Manzanillo, Colima, México