jueves, 19 de enero de 2012

Locataria


IMELDA acomoda los chiles jalapeños, cebollas y jitomates en la esquina del puesto, en el mismo orden que los colores de la bandera de México. Le siguen los elotes tiernos dentro de una reja de madera; las papas están colocadas en el extremo, en seguida la lechuga, el brócoli y la coliflor; los plátanos cuelgan de un gancho sujetados con hilo encerado, más arriba unas bolsas tejidas para el mandado.En sentido contrario, en el mostrador de abajo, las frutas: carambolos, manzanas, limones, sandías, entre otras. Sergio, el chico que trabaja con ella, ofrece su ayuda a los clientes en el mercado.
En la carnicería, el aparador expone carnes rojas y los hombres trozan pedazos de bistec, sacan de una charola plástica piezas de chuleta ahumada o medios kilos de manteca de puerco, mientras que la costilla espera a los futuros consumidores, al igual que el chorizo.
La pescadería muestra una variedad de especies marinas en la barra de azulejo: pulpos, camarones, jaibas, huachinangos; en el inferior, el hielo se derrite pronto, mientras el olor a mar se expande entre la ola de gente.A partir de las cinco y media de la mañana, los locatarios se introducen al Mercado 5 de Mayo.
Imelda dice ser la primera de todos en llegar. Cuando dan las siete, los civiles entran para hacer sus compras. Las mujeres, en su mayoría, apenas alcanzan medio siglo de vida; los pocos hombres que eligen los productos del campo suelen ser propietarios de algún restaurante. En la zona de legumbres y frutas, los pasillos lucen semidesiertos de lunes a sábado, en cambio, los domingos, parece una fiesta folclórica.Don Jesús es el otro ayudante de Imelda. Él se encarga de mantener limpio el comercio. A cada rato trapea el piso. La dueña del puesto saluda con una sonrisa honesta al cliente cuando lo ve arribar. Ella siempre está dispuesta a vender cualquier producto aunque no lo tenga. A veces los compradores le piden champiñones o acelgas, verduras poco solicitadas, pero lo resuelve previéndose con el vecino, y si éste no lo tiene, instruye que puede ir a tal lugar. Quince años atrás, el mercado lucía distinto, sucio y feo. En el primer cuadro, un cajón con vendedores de juguetes de batería, plástico, bisutería barata, accesorios para el cabello, ropa y calzado deportivo se mezclaban con los puestos de comida y licuados de rompope; el segundo, en las carnicerías y pescaderías los rayos del sol apenas lograban filtrarse. Ahora, hasta los músicos tocan sus instrumentos y cantan en el segundo piso o recorren los pasillos con un arpa.
Algunos de los proveedores de Imelda son personas que vienen de la central de abastos de Guadalajara o vendedores independientes. Cuando no hay suficientes ventas, antes de que las verduras lleguen a su plena maduración, son cortadas en pedazos, guardadas en bolsas de polietileno y colocadas en la cima del puesto para que los clientes puedan prepáralas en caldo.El jitomate y la lechuga son apartados para las iguanas, esos lagartos naranjas y verdes que cuida a la familia Archundia frente a la Unidad Padre Hidalgo.La gente surte su canasta básica con alimentos a menor costo, de alguna manera trata de maximizar su dinero, ahorrar unos cuantos pesos. Nunca será igual el precio de un kilo de limón en el mercado que el de una corporación. A mayor volumen, mejores precios para el comprador que oferta al detallista un precio más barato. Ésta es una de las razones por las que prefiere ir a las grandes tiendas comerciales; también pudiera ser por la rapidez y comodidad de encontrar todo lo que se desea en un mismo sitio. Aunado al horario de apertura del negocio, 12 horas abierto al público.Comprar en el mercado local es ayudar al crecimiento de la economía mexicana. Una cadena de vendedores directos o indirectos a menor escala es favorecida. Si se compra en las grandes empresas comerciales de autoservicios se le están cerrando las puertas a la producción nacional, pues es ahí donde muchas de las frutas importadas vienen de Sudamérica, y aunque las carnes son de procedencia mexicana, no dejan de ser congeladas y provienen de otros estados de la República, siendo que el estado de Colima cuenta con una producción de ganado muy buena.Las nuevas generaciones son los principales clientes potenciales de las firmas comerciales. Si bien, el mercado local seguirá existiendo gracias a la preferencia del cliente que le gusta comer alimentos frescos, éste tiende a seguir un poco desierto.


Imelda despide a sus clientes frecuentes con una pregunta: ¿Va a venir mañana?, seguida de una sonrisa y un: “Que le vaya bien”.


Elsa I. Gonzalez Cardenas
Publicada en el Diario de Colima
19 de enero de 2011
Manzanillo, Colima, Mexico

jueves, 12 de enero de 2012

El negocio de la comida (segunda parte)


HABÍA clientes “abonados” –particulares que pagaban la comida en días de quincena– y trabajadores de empresas privadas, éstos, en su mayoría, los más demandantes de un mejor servicio. A mí me tocaba escuchar los comentarios de Laura sobre los gustos de los comensales: “A la gente ofrécele carne todos los días y todos los días come carne”.Ella dejó el negocio de comidas a mediados de diciembre del año pasado. Las razones fueron varias: por atender a sus hijos, el padecimiento de dolor de rodilla y el cansancio.A los clientes nunca se les dijo que ya no se les ofrecería más el servicio de comida, tampoco fueron cerradas las puertas de la cochera porque la madre de Laura se ocuparía de él y la hija menor la apoyaría a corto plazo. Desde el primer día, la hija menor sintió los estragos del cansancio en sus pies. Desde las 7 u 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde permanece parada. Esta actividad requiere la atención completa hacia los clientes que van llegando al local, y aunque no arriben muchos, el tiempo debe ser aprovechado al máximo. Cuando llegan las personas a comer, lo primero que debe hacerse es serviles una jarra con agua y hielo, vasos, acercarles salsa, limón y un tortillero; se les toma la orden que viene siendo una sopa aguada y platillo fuerte junto con una guarnición, todo eso por el costo de casi un salario mínimo. Las ventajas competitivas que tiene el comedor son el lugar, la comida y la limpieza. Hay espacio de sobra entre las mesas y un pasillo por donde se puede caminar con toda libertad, además el área de preparación de alimentos está a la vista donde más de una persona suele asomarse y levantar las tapaderas de las ollas para ver el guisado.Ir al mercado a hacer las compras, asear el comedor –la cochera– junto con la cocina y el patio trasero de la casa –también forma parte del negocio–, preparar el agua fresca, la salsa, atender las mesas, lavar trastos y secarlos han mantenido a la hija menor en una completa reflexión, es una labor muy intensa.El trabajo físico no se compara para nada con el trabajo intelectual. Aunque el trabajo de oficina requiere mayor responsabilidad por tratarse de movimientos de capital financiero, humano u otros, el primero termina por vencer el cuerpo antes de la media noche. Lo divertido que la hija le ve al negocio de la cocina es que se puede conocer a través de ésta la personalidad de los clientes: “Somos lo que comemos”.Como datos curiosos, pocos de los comensales se lavan las manos antes de comer; a la mayoría les encanta ingerir bisteces, ya sean de cerdo, pollo o res; salsas naturales bien picosas y pedir chile extra de árbol y habanero de botella; la crema y el queso en cualquier platillo; las enchiladas con el adobo casero en lugar de las enmoladas; sopa de pasta en vez de crema de elote o verduras; beber agua de limón que de papaya, piña o sandía. Pocos prefieren consumir verduras como platillo fuerte y les gusta sintonizar en la televisión: el programa que da los chismes de los artistas de Televisa y el futbol. Lo malo de esto es la inconsciencia ecológica que se tiene al utilizar recipientes y cubiertos desechables en la comida para llevar.Los clientes son directores, jefes, empleados de nivel medio o bajo en sus trabajos. Los primeros alcanzan medio siglo de vida y el resto tienen entre 20 y 40 años de edad. Algunas de las señoritas que a veces van al comedor lucen sus cuerpos con uniformes ceñidos, cabello y rostro muy bien arreglados; usan zapatillas altas, pero conversan cosas banales y dejan restos de comida en los manteles. Lo cómico es ver a los jefes cuando ellas salen de ahí porque las desnudan con la imaginación sin disimulo. El sexo masculino predomina en los comensales; los chicos tramitadores son pacientes y comen despacio, gozando la televisión. Es posible que la madre de Laura y la hija menor sean lentas en el servicio por la inexperiencia y las siete décadas vividas de la primera. Quizá los clientes deseen que la microempresaria regrese, pero no lo hará. Lo que desconocen es que El Buen Sazón está abierto al público por ellos, para seguir ofreciéndoles el servicio, éste bastante duro que tal vez desaparecerá.
Elsa I. Gonzalez Cardenas
Publicado en el Diario de Colima
El 12 de enero de 2012
Manzanillo, Colima, Mexico

jueves, 5 de enero de 2012

El negocio de la comida (primera parte)


DURANTE 9 años escuché a Laura llegar, gritar, pelear, reír y la miré cocinar. Se percibía el aroma de los chiles secos al asar, luego el run run de la licuadora cuando eran molidos para preparar salsa; la fragancia de la manteca de cerdo en el fuego para añadir más tarde los frijoles de la olla; ah, pero cuando hacía el chicharrón en salsa roja, una fragancia de animal muerto se expandía por todo el negocio; en cambio, la del pozole, era agradable, tan sólo imaginar al maíz blanco cociéndose dentro de la vasija de metal, mezclado con la carne y agua, hasta la vecina de la casa se asomaba para confirmar que ese día se vendería pozole. Los viernes se cocinaba cualquier platillo que incluyera pescado, ya sea cebiche acapulqueño o el colimote; filete empanizado, a la plancha o frito; salpicón u otras formas de preparación; de bebidas siempre se ofrecía agua fresca de frutas naturales, aunque a veces tenía que usar algún saborizante artificial y refresco de cola.El buen sazón de Laura lo percibió el tío Alfonso cuando él venía de Guadalajara en plan de trabajo. Se quedaba en su casa cuando ella aún vivía con sus padres. Para cenar, la sobrina hacía tortas y le quedaban tan bien que él siempre argumentaba: “Deberías dedicarte a la cocina”.La oportunidad de tener un negocio de comida se dio cuando los papás de Laura le prestaron la cochera de su casa para que hiciera del lugar un comedor, con el fin de que dejara de vender tacos en la esquina de una calle, pues lo hacía en compañía de sus hijos pequeños. Al garaje tenía que invertírsele dinero para acondicionarlo, y así se hizo con la ayuda de su hermana mayor; en ese tiempo se hicieron socias.Empezaron con sillas y mesas de plástico, utilizando el equipo de cocina de la mamá: estufa, utensilios para cocinar, refrigerador, servicio de agua, electricidad, teléfono y sistema de televisión por cable. Los clientes apenas se contaban con los dedos de la mano derecha. En la colonia Burócrata ya existía competencia con mejor ubicación, la cocina “Chiquillos” de una exempleada de la Aduana y otra más en la calle Constitución, a espaldas de la avenida Tte Azueta, sin contar con los negocios de fuera que le surten a la mayoría de agencias aduanales, API y empresas de gobierno.Laura y su hermana rompieron relaciones en menos de un año. La primera siguió con el trabajo, utilizando las mismas herramientas de trabajo, pero ya con más clientes. La publicidad que alguna vez se repartió a través de volantes no sirvió tanto como la que los mismos comensales hicieron de boca en boca.El negocio de la comida es tan noble, que de lo mismo que preparan para la venta pueden comer los dueños y empleados del establecimiento.La cochera nunca tuvo rótulo en la fachada del comedor, sólo le colgaba una placa de fierro con un anuncio de una compañía de refresco que aún permanece. En el interior, las paredes fueron pintadas en distintas ocasiones de colores blanco, azul, verde y naranja, con cenefas de flores. El dinero entró a manos llenas. Se contrató a dos ayudantes, luego nada más a una. Contadas eran las empleadas eficaces, pero tampoco podía exigírseles demasiado porque en esta área es de lamentar que de manera ilegal no se les dan las prestaciones de ley. Desfilaron varias mujeres, ayudantes de cocina, la mayor de todas con casi 60 años de edad; al concluir su día laboral, sin decir ni una palabra, no regresaba al siguiente, sino hasta unos meses posteriores, así lo hizo en tres ocasiones; otra fue muy puntual en su horario de entrada como de salida; no faltó aquella que renegaba por todo o la mujer que le gustaba calzar tacones altos por 7 horas. Laura abrió cuenta bancaria para que sus clientes empresas pudieran hacerle depósitos después de 15 días de financiamiento. Los hijos de la microempresaria asistieron a colegios. Después de varios años compró una mesa y parrillas de acero inoxidable, ollas, cazuelas, cucharas, vajillas, vasos, y además remodeló el garaje. Por fin se independizó de la cocina de su madre.A pesar de que el comedor no estaba a simple vista de la gente, los empleados de gobierno identificaron el lugar. Ellos pagaban en efectivo, ayudando a solventar las compras del menú que se prepararía para toda la semana. (Continuará)
Elsa I.Gonzalez Cardenas
Publicado en El Diario de Colima
El 05.01.12
Manzanillo, Colima, Mexico

jueves, 29 de diciembre de 2011

Zona centro




Lunes, ocho y media de la noche. Ana debía
esperar una hora más para entrar a la última función del día, el show de lobos
marinos. Durante la espera busco con ansias dónde vendían algodones de azúcar. Camino
entre los puestos ambulantes que suelen ponerse en épocas de feria. Indago en
unos puestos: en uno, en lugar de vender palomitas o fritangas vendían bebidas alcohólicas
en vasos térmicos de litro o cántaros de barro. No pudo encontrarlos y salió de
ahí.
Dirigió sus pasos hacia el kiosco. Apenas pisó
suelo de la Plaza Juárez y se topo con un par guanajuatenses vendiendo
bisutería artesanal. A pocos metros del
monumento de Benito Juárez una muchedumbre carcajeaba; los payasos Sammi y
Saijo entretenían a la gente. Entonces ella pensó que también podría hacer algo
similar junto con los amigos, pero en el área cultural: leer cuentos a todo
aquel que pasara por ahí como en aquel tiempo en que se reunían en la escultura
La Pescadora con el tendero de libros para prestar.
Ya un poco cansada de sus pies -luego de haber
permanecido parada por más de 4 horas- optó por sentarse en la base del
monumento para escuchar a los amenizadores. Los chistes que decían eran blancos
y graciosos, y los infantes acompañados de sus padres reían.
Ana vio a lo lejos una mujer vendiendo
algodones de azúcar. Varios niños la rodeaban. Apenas observo que le quedaba
uno encajado en el palo de exhibición cuando corrió por él:
- Me da un algodón por favor. Cuánto
cuesta?" cuestionó.
- Diez
pesos. Si hubiera sabido que se me iban a acabar pronto mejor vengo al centro
porque estuve toda la tarde en la playa y aquí se acabaron. Argumento la
vendedora.
Ana feliz volvió a tomar asiento. Por primera
vez estaba en la zona centro disfrutando la felicidad de los turistas en el
puerto.
A las 9:27 partió para hacer fila en la
taquilla del show de los lobos marinos. Seis minutos después, el espectáculo
inicio. Cuatro aves -una cacatúa y tresguacamayas-y dos lobos marinos de nombre
Maya y Luca fueron el centro de atención.
La función empezo con una demostración del buen
adiestramiento de las aves. Los pájaros de plumaje verde, amarillo, blanco y azul
estaban hermosos. Uno de ellos monto bicicleta y pedaleó, otra anoto canasta
con una pelota miniatura; dos bailaron al ritmo de la música de banda, además
colocaron figuras geométricas en una placa de madera. El entrenador comentó que
ese tipo de animales tienen la inteligencia de un niño de tres años. Una de las guacamayas puso el ejemplo a la
audiencia, hizo labor de limpieza al levantar la basura que suele dejarse en la
calle y la colocó en un bote.
La entrada para
ver el espectáculo tiene un costo de 30 pesos por persona. Los asientos
son gradas metálicas que dan la espalda al mar; el escenario es al aire libre a
media luna, frente a él un estanque donde uno de los lobos marinos salta desde
una altura de 3 metros.
El sereno de la noche hizo más ameno el
momento. `Entre risas, voces, aplausos, gestos tiernos de la gente y el carisma
de los presentadores la función resultó un éxito.
Mundo Marino Guadalajara, empresa quien maneja
el espectáculo ofrece sus servicios para cada ocasión: nado con delfines, terapia
asistida con delfines, estimulación prenatal, fiestas infantiles, visita
escolar, show de aves, show de lobos marinos, show de delfines, tráiler en tu
ciudad y espectáculos itinerantes. El tráiler es un escenario movible de 216
metros cuadrados. En su página de
internet puede leerse que el espectáculo de las aves está incluido en el
pasaporte Platino de Selva Mágica, en Guadalajara.
Un promedio de 60 minutos duró la función. Al
final, las personas que desearon tomarse una fotografía con los lobos marinos lo hicieron
pagando 80 pesos con un máximo de seis personas por imagen. Para las
fotografías los animales marinos pasaron con su cabeza recargada en la cabeza
de los fans.
Ana se marcho contenta por haber visto el show
de los lobos marinos y por percibir que los animales lucen en perfectas
condiciones.
Elsa I. Gonzalez Cardenas
Publicado en el Diario de Colima
El 29 de diciembre de 2012
Manzanillo, Colima,Mexico

jueves, 22 de diciembre de 2011

"A pie..." guion cinematografico.


EL 10 de diciembre se realizó una lectura dramatizada del guión cinematográfico A pie..., del actor colimense Silverio Palacios, en el auditorio “Alberto Isaac” de la Casa de la Cultura, a las 7 de la noche.El Ticús Invisible es el nombre que surgió al unir los nombres de la compañía de teatro (Ticús teatro) de Silverio Palacios e InvisibleFX, nombre de la productora, del director, consultor de tecnología y medios, ganador del Premio Ariel por mejores Efectos Visuales en 2008, Manuel Roberto García Salazar.El evento inició con la intervención de Manuel Roberto, quien comentó: “Es una película que se pretende hacer completamente en Colima. Hacer una película es un proceso muy largo que requiere muchos pasos a seguir. Ese primer paso es la historia. La idea de esta lectura es para que el auditorio se vaya imaginando la película, su propia versión conforme a lo que va a ir leyendo en el guión”. El guionista Silverio Palacios inició la lectura de su obra:“A pie... A Talpa. A oscuras escuchamos los quejidos de una mujer que agoniza de cáncer. Sus gemidos son tan duros e incisivos como el pico que cava una tumba”. La historia cuenta la travesía que inicia un panadero alcohólico al hacer una manda de irse a pie hasta Talpa para que sane su agonizante madre, y en el trayecto va encontrando a sus propios miedos y culpas que lo van atormentando en forma de animales comunes, hasta que presa de sus propios vicios y locuras, enfrenta a la misma muerte que lo reta a manera de una corrida de toros.La trama va tomando un tono humorístico al iniciarse diálogos largos entre Chilo, el protagonista principal, y la gallina, uno de sus personajes. Algunas locaciones interesantes son el Parque Hidalgo, el mar, la Plaza de Toros de La Petatera y el Volcán de Nieve de Colima. La interpretación del guión duró alrededor de una hora y once minutos. Lo interesante de este proyecto es la interacción que hizo el guionista con el público. El fin era percibir las reacciones de los asistentes, recibir sugerencias, escuchar los comentarios y críticas sobre la historia. Al concluir la lectura dramatizada, las voces se hicieron escuchar. Dos hombres ofrecieron su apoyo, uno en el préstamo de objetos que podrían servir de utilería para la producción del largometraje, y el otro, quien dirige un grupo de danza, la donación del costo de las entradas que podría recabar en futuras presentaciones artísticas.Al final de la lectura, el público se marchó a casa con la satisfacción de haber sido involucrado en un proyecto que en poco tiempo será concretado. El guión A pie... será presentado en el puerto de Manzanillo el próximo año. La fecha aún se desconoce, pero cuando se tenga, la invitación será difundida para que los porteños también tenga la oportunidad de acercarse al medio cinematográfico, sobre todo para que aporten y valoren el gran esfuerzo que llevan a cabo el equipo El Ticús Invisible junto con el apoyo de la Secretaría de Cultura del Estado.Una vez concluida la preproducción iniciarán con la producción, y para finalizar la postproducción. A pie... es un guión que promete muchos frutos. Ojalá que éste sea el augurio de otros más.Enhorabuena a Roberto Manuel García Salazar y a Silverio Palacios, que a pesar de ser hombres exitosos siguen conservando la sencillez en su personalidad, además siempre están dispuestos a seguir con el arduo trabajo en su tierra natal, Colima, en la formación de nuevos talentos del séptimo arte.
Elsa I.Gonzalez Cardenas
Publicado en El Diario de Colima
El 22 de diciembre de 2011
Manzanillo, Colima, Mexico

jueves, 15 de diciembre de 2011

Los meseros


SIEMPRE he soñado en ser mesera. La razón podría ser porque mamá lo fue en algún tiempo, para saber si puedo dar un buen servicio, por ser una persona muy quisquillosa en asuntos de comida. La situación es que en algunos restaurantes de los que he visitado, ya sea en Manzanillo o la ciudad de Colima, el servicio que brindan los meseros no es nada loable.
En el puerto, El Chantilly dista mucho del buen servicio y buena comida que años atrás se brindaba a la clientela. Todo cambió desde que se traspasó el negocio. Aunque sigue siendo un lugar de preferencia de muchos, se mantiene gracias a su ubicación –a un costado de la presidencia municipal– y al horario en que tienen sus puertas abiertas al público.Una de las últimas veces que lo visité, pedí unas entomatadas. Al probarlas pude percatarme de que sólo eran tacos de tortilla calentados en horno de microondas con queso relleno y encima salsa de tomate picosa –de las que suelen poner en las mesas–.Desilusionada comencé a comer. Al concluir le pedí a la mesera que de favor le dijera a la cocinera que el platillo que acababa de ingerir estaba de muy mal sabor; ella contestó con una expresión seria: “No se notó”, y molesta le respondí: “Tuve que comerlas, ya que voy a pagarla”.En el otro negocio, Coco Landia, puede percibirse una rotación de personal. Hace pocos días fui a desayunar con Yassir Zarate, un escritor tlaxcalteca. El hombre que nos atendió inició bien su trabajo: ofreció la carta. Dejé que instruyera al invitado, quien pedía tatemado estilo colimote. El camarero lucía cortés, sin embargo, el paseo de un lado a otro del chicle o pastilla en su boca desmeritaba su imagen.
Recuerdo que también en ese mismo lugar, una vez un mesero tartamudo nos atendió –a mí y al poeta, Eduardo De Gortari, un defeño–, al tipo le tuvimos paciencia, pero casi salgo hablando como él.
Los Naranjos Campestre en Colima es un lugar acogedor. En la entrada principal, los periódicos están en espera de ser leídos por los visitantes –aunque no hay de todas las editoriales–; los pasteles tristes están en las paneras cubiertos; la atención de los meseros no es mala, pero tampoco cordial, es un establecimiento donde la imagen se vende. Pareciera que los camareros no tienen iniciativa en recomendar algún platillo u ofrecer una sonrisa.
Qué decir del restaurante Casa de Piedra, éste es un ejemplo del servicio excelente que se le brinda a los comensales. Sé que existen una variedad de negocios de comida para distintos gustos y bolsillos, esto no es una barrera para no brindarles a los futuros clientes el mejor servicio, al contrario, entre menos grande, mejor debería ser.
Los camareros olvidan que el cliente es quien contribuye a aumentar su sueldo diario. Ellos son el enlace entre el cocinero o cheff, dueño, cajero, barman y todo el equipo que hay detrás de un restaurante. Si la cadena no funciona bien, al final de nada sirve el esfuerzo que le antecede.
La actitud, presencia, los diálogos utilizados por los meseros y la atención son parte del perfil que deberían tener al menos durante la jornada laboral.
Es curioso ver que un carro rodante donde se venden mariscos en el comercio informal, afuera de una plaza comercial en Salagua, esté a su alrededor gente parada comiendo; tal vez el cocinero sea un experto en la preparación de platillos, pero es el vendedor quien posee el carisma para atender.
A veces da la impresión de que los trabajadores de la industria restaurantera nos hacen un favor en atendernos. Aunque parezca increíble, el 10 ó 15 por cierto de propina que suele dársele al mesero como parte de una regla entre los clientes, hayan o no recibido un buen servicio, podría eliminarse para que valoren su trabajo.
Cuando los camareros estén comprometidos consigo mismos, atiendan por gusto y complazcan al cliente sin poner limitaciones, ese día su bolso engordará más rápido de lo que creen, hasta lograrán gozar los mismos derechos y prestaciones que cualquier trabajador asalariado. Si al menos hubiese voluntad, otra cosa sería.
Elsa I. Gonzalez Cardenas
Publicado en El Diario de Colima
el 15 de diciembre de 2011
Manzanillo, Colima,Mex.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Escuela pública con mentalidad de colegio



No es de sorprenderse que cuando leemos los nombres de las escuelas públicas de educación básica desconozcamos quiénes fueron esos personajes en la historia. Sucede algo similar al leer los apelativos impuestos en las calles y jardines del lugar donde vivimos, incluso si se le conoce surge la duda en saber por qué tiene tal distinción. El lunes pasado me propusieron en sustitución de un amigo docente ser jurado de un concurso de declamación en la primaria “J. Jesús Díaz Virgen”. Con gusto y cierta cautela dije que sí. En el momento que acepté regresé el tiempo, dos décadas atrás, y vi a la hermana mayor participar en dichos concursos. Le iba muy bien. Por supuesto tenía un excelente instructor, Miguel Ceballos, un apasionado de las letras y de los recitales.El martes, día del concurso, el despertador sonó a las 6 de la mañana. No le hice caso hasta que el cucú del reloj sonó siete veces. En realidad, estaba en tiempo, pero no para tomar el colectivo. Así que abordar un taxi: “A la escuela Jesús Díaz Virgen, por favor”, ordené al conductor del vehículo.Arribé 13 minutos antes de las 8. En la puerta principal del inmueble, una mujer de semblante de pocos amigos repartía papeles diminutos a los infantes. En seguida pregunté por la profesora Rosalba Íñiguez. La mujer ordenó que fuera con la señora que se encontraba 5 metros detrás de ella. Así lo hice. Me presenté con un saludo de mano. Pronto fui identificada. La instructora con amabilidad guió mis pasos hacia el centro de cómputo. Cerca de dos docenas de computadoras adornaban el cuarto. Los monitores estaban cubiertos con forros de plástico, supuse que no funcionaban, pero todo lucía en orden.La maestra, directora de plantel, explicó unos puntos a calificar en el concurso: extensión del poema, mímica, dicción, voz, contenido y congruencia. Sólo los chicos de quinto y sexto año participarían.El tema debía ser –de preferencia– alusivo a la patria o a la Revolución Mexicana. Los participantes y los poemas fueron: Francisco Alberto Mesola García, Revolución Mexicana, de su autoría; Ranferi Urbina Pacheco, Patria mía, de Elizabeth Rodríguez López; Karla Jazmín Pérez Hernández, Revolución mexicana, de su autoría; María Fernanda Fernández González, El grito de independencia, de Guillermo Prieto; Selene Vanesa Morelos Abeldaño, Revolución mexicana, de su autoría; Vianey Araceli Guzmán Rico, La revolución mexicana, de su autoría, y Joselin Ihoana Sandoval Gutiérrez, Revolución mexicana, de su autoría. Al momento de dar los resultados hubo un empate del primer lugar: Ranferi Urbina Pacheco y Vianey Araceli Guzmán Rico. Estos chicos representarán a su escuela y participarán con otras, y si les va bien podrán competir a nivel estatal. La convocatoria del concurso de declamación llegó tarde a manos de la directora. Los participantes tuvieron sólo 2 días para prepararse. Aún así, el desempeño de cada uno superó las expectativas de los profesores y la mía.Seguro si estuviera vivo el profesor J. Jesús Díaz Virgen estaría orgulloso de que dicho plantel porte su nombre.Las instalaciones del lugar son espaciosas. La líder comentó que el próximo fin de semana tendrán un bicipaseo en las aceras aledañas a la delegación, que se está preparando una pastorela para la posada donde cada infante deberá traer sus utensilios para comer –plato, vaso y cubiertos–, con el fin de ahorrar recursos naturales y costos también; hace poco los estudiantes participaron en un concurso de ajedrez obteniendo buenos lugares, y no se diga en conocimientos. En la escuela las bardas interiores están rotuladas con frases célebres de personajes importantes de México; los encargados de la cooperativa venden el desayuno sin incluir comida chatarra; las áreas de reposo tienen mesas con figuras, y a la hora del recreo la mesa del delfín se convierte en una sala de lectura donde se prestan libros para leer. Y gracias a la buena voluntad de algunas profesoras se imparten clases de educación artística, y en épocas de exámenes terapia holística para enseñar a los estudiantes a no estresarse.Ya en broma le cuestioné a la directora: “¿Ésta es una escuela o un colegio?”, ella, risueña, respondió: “Se hace lo que se puede. Llevo 11 años aquí”. Salí contenta al saber que existen profesores normalistas con vocación, gente que le preocupa la educación escolar y artística de los chicos. Al regresar a casa le conté la experiencia a la hermana mayor, y ésta argumentó que dicha primaria es una de las más cotizadas entre los padres de familia para que sus hijos ingresen a estudiar ahí. A lo que comenté: “Por algo ha de ser”.
Elsa I. Gonzalez Cardenas
Publicado el en Diario de Colima
El 08 de diciembre de 2011
Este texto pudiera tener algunos cambios respecto
a su publicacion.
Manzanillo, Colima