miércoles, 16 de marzo de 2011

Se necesitan voluntarios

Una señalización imaginaria a la entrada de la ciudad y puerto de Manzanillo da la bienvenida al visitante con un mensaje: “Se necesitan voluntarios”.
“Dios te salve María, llena eres de gracia, el señor está contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”.

A las 5 de la mañana hace el esfuerzo de hincarse en el piso de la recámara. La placa de platino en su columna soporta la ruptura de las vértebras; reza el Ave María con mucha devoción. Cree ver a Cristo. Alfonso ignora que tiene 80 años y hoy amaneció demente.
“Mi madre es una mujer ejemplar, tiene una gran devoción por su hijo que la cuida muchísimo. Él es quien nos mantiene unidos a la familia. No hay envidias ni celos entre nosotros, aunque es indudable que a veces mamá tenga inclinación por alguno de sus hijos de acuerdo a su estado de ánimo. A mi hermano le gusta mucho la música de José José. Si pudiera bailar, seguro sería muy buen bailador”, argumenta Diego.
“Afuera de casa, los vecinos entre 14 y 17 años de edad se ponen a fumar marihuana. Algunos ya han estado en el Ceresito. Uno de ellos estuvo en la primaria donde trabajé. Cuando era director mandé a llamar a su mamá para decirle que su hijo se brincaba la barda de la escuela. La señora, madre soltera y con otro hijo mayor, dijo que lo cambiaría de escuela. Ésa fue la solución que dio. A veces me pongo a pensar qué será de sus vidas, qué puedo hacer por ellos”, vociferó Sergio.
Se escucha la voz feliz de Victoria a través del auricular del teléfono:
“Gracias por hablar. Es mi segundo año que estoy celebrando en estos trotes el Día Internacional de la Mujer. Mi tratamiento contra el cáncer va bien, sólo estoy espera de que esto se vaya por completo. A ver cuándo vienes a la casa a visitarnos”.
El diccionario describe la palabra “voluntario”: Dicho de un acto que nace de voluntad, y no por fuerza o necesidades extraña a aquélla.
¿Cuántos voluntarios existen en la familia, escuela, oficina e iglesia? ¿Quién se responsabiliza de los padres ancianos, del hermano frágil después de formar su propio hogar? ¿Quién orienta a los jóvenes que se drogan en los rincones del puerto? ¿Cuánto apoyo moral puede recibir la amiga en momentos difíciles?
No es necesario cursar la materia Dirección y Filosofía Empresarial I con un grupo de estudiantes de la maestría en Administración de la Universidad de Colima para tener el 20 por ciento de calificación, y que se tenga la iniciativa de llevar a niños y jóvenes de la casa hogar al iguanario y a un campamento ecológico. Estos mismos al principio tenían programados dos talleres, uno de lectura y otro de electrónica, pero la organizadora y la mayoría de los alumnos los creyeron innecesarios, sustituyéndolos por el taller de primeros auxilios y la actividad de hacer antifaces.

Antes de la eliminación, Benjamín, catedrático de la misma institución educativa, argumentó: “Quien lee no es muy brillante”. Es una lástima que a él le falte un diccionario para buscar el concepto de voluntario que nada tiene que ver con brillar, y a los demás estudiantes que no le dieron la importancia a la existencia de los talleres carezcan de inteligencia para saber que la electrónica sirve para arreglar un radio o televisor descompuesto que pudiera haber sido provechoso en el orfanato; y la lectura ayuda a ejercitar la memoria, humanizar, dar creatividad y visualizar el mundo de otra manera.

A los voluntarios no les gusta brillar de la misma forma que aspiran los ególatras con títulos universitarios y empresarios con cuentas bancarias de grandes sumas de dinero, pues ellos prefieren guardar sus títulos bajo el colchón de la cama y tocar almas sin hacer ruido.
Las letras del letrero imaginario son diminutas, por eso muchos porteños no tienen la emoción ni la energía de dar sin recibir nada a cambio. Se llamará al rotulador para que aumente el tamaño de la fuente y esperar a recibir más voluntarios.



Elsa I.González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
el 10 de marzo de 2011
Manzanillo, Colima, México

jueves, 3 de marzo de 2011

De carnaval a carnaval







"Al carnaval de Oriente me voy
donde mejor se puede gozar"



Si pasa cerca del recinto portuario, podrá ver a lo lejos hermosos alebrijes gigantescos de colores llamativos, guarnecidos en el almacen. Dichos adornos formarán parte de los carros alegóricos del Carnaval de Mazatlán 2011, del 3 al 8 de marzo.




De manera atinada el Instituto de Cultura, Turismo y Arte del municipio convocó en meses anteriores con motivo a la celebración de uno de los eventos internacionales más importante de la República mexicana, al 16 Premio de Pintura “Antonio López Sáenz”, concurso de comparsas del desfile del Carnaval; LXX Juegos Florales Premio “Clemencia Isaura” de Poesía, y para todos los niños y niñas de la localidad a participar en el gran baile infantil.



El estado está promoviendo el Carnaval, invitando a grabar en vivo el programa de televisión mexicana, Ventaneando, donde transmite escenas del puerto desde el hotel Pueblo Bonito. Para los citadinos que apreciarán la festividad han colocado baños públicos en lugares estratégicos de la zona centro, contiguo al malecón donde transitarán los carros carnavalescos.



El Carnaval de Mazatlán no tiene madrinas ni padrinos con rostros de televisión, sólo de mujeres y hombres del estado. Será un espectáculo multidisciplinario y extravagante con la intervención de la Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes, el coro Ángela Peralta y el coro Guillermo Sarabia, dirigidos por el maestro Antonio González; acróbatas, alumnos y bailarines de Delfos Danza Contemporánea y el Quinteto Britania, bajo la dirección musical del maestro Enrique Patrón de Rueda.



Habrá las respectivas coronaciones de la reina del Carnaval de Mazatlán 2011, mismo día en que el artista internacional David Bisbal cantará para todos los expectadores. También se contará con la premiación de la reina infantil y reina de poesía en un espacio donde la animación estará a cargo del grupo juvenil OV7. Hay un costo de recuperación desde 100 a 500 pesos, dependiendo el evento.



Se cuenta con cinco diseñadores para los carros alegóricos, cuyo costo es del 8 por ciento del presupuesto total asignado. Treinta y siete móviles podran ser disfrutados. El instituto tiene a la venta boletos para las coronaciones del Carnaval a 3 meses sin intereses, pagando con la tarjeta de crédito. La inversión es de 22 millones de pesos. El malocón de Mazatlán es bastante largo, de cuatro carriles.



La etimología Carnaval viene de la carnelevare, de carne y levare, quitar, quitar carne, porque son los tres días precedentes a la Cuaresma, pero parece que en lugar de ser una fiesta popular quitan el buen gusto por hacer un verdadero evento carnavalesco. Contrario a lo que se piensa de que al expectador nacional o extranjero le basta tener pan y circo en el llamado Carnaval de Manzanillo, donde lo único que se tiene es un desfile de planas de tráileres llenos de gente, con disfraces, bailando ritmos tropicales y los más sonados en la radio.



Debiera aspirarse a imitar el trabajo arduo y loable que realiza el puerto de Mazatlán con ayuda de todos los municipios del estado de Colima e iniciativa privada aportando ideas, recursos económicos, instruyendo a los comités organizadores en el variado gusto de los nichos del mercado local, nacional e internacional del sector turístico. No olvidemos que ellos son los operadores expertos en la venta de servicios e imagen del puerto.



“El carnaval dejará una derrama económica de 50 millones de pesos y se estima que cerca de 100 mil personas acudirán para disfrutar de las actividades que se programaron a lo largo de los 6 días de festejos”. La inversión será de cerca de un millon de pesos. Tal cantidad no es nada en comparación con la derrama económica que se espera recibir.



Ojalá se alcance las expectativas, sino será hasta 2012 cuando seguro a alguien se le ocurrirá traer de madrina del carnaval a Edith González, después de haber hecho un buen papel y haber lucido espectacular en la obra de teatro Aventurera, si es que le llegan al precio, la convencen y existan mejores gustos en la elección.


Elsa I. González Cárdenas
Publicado el 03 de marzo de 2011
en el Diario de Colima
Manzanillo, Colima

viernes, 25 de febrero de 2011

Escribir y leer

Van ellos y ellas –escuderos de luz–
arando en la superficie para sembrar
canto, palabras…

Víctor Manuel Cárdenas


Cuando Alfa le contó a Amada que los viernes va a la escuela primaria “Padre Hidalgo” a leerles a los niños, 15 minutos antes de la hora de entrada, le fascinó la idea para ir a visitarla.
Amada llegó a la primaria 10 minutos antes de las 8 de la mañana. Alfa no estaba. Preguntó por ella a la directora y ésta dijo que pronto llegaría. La visitante exclamó que casi era hora de dar el toque de entrada y no habría lectura si no llegaba la promotora, a lo que argumentó la dirigente: “Aquí todo empieza tarde”. Tenía razón, los pequeños arribaban lentos a la puerta de la escuela, algunos solos; otros en compañía de un adulto.
Alfa forma parte de las salas de lectura en el puerto. En ocasiones la invitan las escuelas para que vaya a leerles a los estudiantes. No tiene sueldo. Lo hace por amor. Dice que quiere inculcar el hábito por la lectura. A sus casi 40 años de edad estimula a los infantes y adolescentes a leer.
El año pasado, Amada le envío la convocatoria de proyectos municipales de desarrollo artístico para tener la posibilidad de obtener un apoyo. Alfa le hizo caso, lo metió, pero su proyecto fue para un cine club en la colonia Bonanza. Cotizó todo el material nuevo: proyector, sillones de espuma, pantalla y gastos mínimos de botana para ofrecer a los cinéfilos. De cincuenta y tantos mil pesos solicitados le dieron 11 mil. La excusa fue que ya había otro proyecto igual con un apoyo de 20 mil pesos, cuyas actividades de la becaria beneficiada hasta ahora son un fantasma. De cualquier forma, 11 mil pesos es mucho.
Amada le dio tips a Alfa de cómo podría hacerle para aminorar gastos, ya que tiene la experiencia en la gestión cultural y es integrante del Cine Club Casa Malagua, en la calle Allende 110, colonia Centro, donde un grupo de chicos exhiben películas y cortometrajes de ficción y documental todos los jueves a las 8 de la noche, sin costo.
Algo debe pasar en Manzanillo que lo hace carecer de suficiente creación, difusión y gestión cultural. Ahora el taller literario en el municipio tiene poca audiencia, en cambio, en 2009 los talleristas publicaron una antología de cuentos y poemas, Manual para escapistas. La portada del libro tiene un grabado del pintor y grabador Guillermo Huerta.
En la actualidad, al Instituto de Cultura sólo le basta ser sede de lecturas de programas que organiza la ciudad capital. Tal vez desconozcan que existe germinación de talentos en las letras y guión de cine que trabajan de manera independiente, no por elección, sino por falta de oportunidades en su tierra. Miguel Ángel Álvarez Alcaraz, de nombre artístico Seth, intentó ser becario del desarrollo artístico municipal; el consejo, juez calificador, no aceptó su proyecto, optó por darle la beca de manera ilegal a un compañero del consejo con dos proyectos distintos, de 40 mil pesos cada uno; sin embargo, él no desistió en seguir su sueño: crear arte.

Este año el Fondo Estatal de Cultura y las Artes (FECA) y la Secretaría de Cultura lo becó con 48 mil pesos en la categoría Creadores y Ejecutantes con Trayectoria.

Tal vez haga falta más lectura dentro del órgano municipal, si al menos hubiesen leído que Seth se ganó una beca el año pasado para estudiar 2 meses guión para telenovela en la Ciudad de México, otorgado por la televisora TV Azteca, y fue finalista en el Primer Certamen de Poesía Fantástica Minatura 2009 en España, todo podría haber sido distinto. Por cierto, hace pocos días regresó de un curso que la misma marca le pagó en la Escuela Internacional de Cine y Televisión en Cuba.
Lo bueno es que tanto Alfa como Miguel aman lo que hacen y será muy difícil que claudiquen en la lucha constante de enseñar el gusto por la lectura, la creación de letras e imágenes, en este desierto de sal.
Alfa no llegó a la primaria “Padre Hidalgo”. Amada aprovechó el tiempo para recorrer la escuela donde aprendió a leer y a escribir. Vio con cariño el espacio que tienen de biblioteca, se prometió regresar a leerles e instruirles a escribir cuento.


Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
Manzanillo, Colima, México
24 de febrero de 2011

viernes, 18 de febrero de 2011

El abandono del jardín del rey Midas

Elena gustaba de ver la hilera de personas afuera del Centro de Salud, antes de las 7 de la mañana. Entre más temprano menos gente veía, eso lo tomaba como señal para saber que pronto llegaría a la primera clase de matemáticas del profesor Chulines, si es que no se lo topaba en el camino.
Su escenario cotidiano de lunes a viernes era observar señoras con niños en brazos, infantes tristes, hombres de cuerpos débiles, perros con mecate o cadena alrededor del cuello, parejas de novios, estudiantes universitarios, meretrices alegres… y en la entrada estaba don José, el panadero de San Pedrito que conocía desde la infancia, siempre le daba los buenos días.
El personal transitaba a prisa: los pasantes de médicos orgullosos portaban su bata blanca, enfermeros sonrientes saludaban, médicos indiferentes pasaban entre los pacientes, dos jóvenes simulaban barrer bien la banqueta larga, cambiaban de lugar la tierra del concreto y la arrojaban a la calle; en cambio, los jardineros se esmeraban en mantener vivas a las plantas: palmeras de ornato y de cocos, crotos, obeliscos, jazmines, copa de oro, pino, arbustos de hojas verdes y amarillas; árbol de mangos, en el pasto al brotar el agua del rehilete las aves bajaban a beber y a mojar su cuerpo.
Durante cuatro décadas, pacientes de las comunidades de Manzanillo iban a citas médicas o a hacer trámites para obtener certificados médicos, tanto personales como requisitos internacionales de productos a importar.
Tras el terremoto del 9 de octubre de 1995, el Centro de Salud sufrió daños en parte de su estructura, por lo que fue necesario improvisar consultorios médicos en el jardín del inmueble; mientras lo reparaban, chozas de madera con cortinas abrigaron a los visitantes. Cuando el riesgo de movimientos telúricos culminó, el inmueble volvió a funcionar normal.
En 2010 la institución de salud cambia de domicilio, donde antes era el Hospital Civil en San Pedrito. La propiedad queda en abandono total, sólo por las noches un velador vigila a media luz desde la caseta de seguridad, pero del jardín que muchas veces acogió a los ciudadanos y dio vida a los animales, está en completo desamparo.
Los árboles y plantas esperan las lluvias del verano para no perecer; casi una decena de bolsas negras de basura desde el mes de noviembre del año pasado siguen en el mismo lugar; vecinos de la colonia sacan la escoba para limpiar el pedazo de acera con la intención de que las hojas secas no caigan frente a sus casas.
En la avenida teniente Azueta no hay más movilización de brigadas para las campañas contra el dengue, autos estacionados sobre el rótulo de azul, exclusivo para personas con discapacidad; venta de flanes y arroz con leche, o bolillo; filas antes de las 6 de la mañana, bardas chuecas por pintar; sólo queda el ánimo de los pájaros, plantas, árboles, para no rendirse al abandono; polvo, basura y un jardín del rey Midas, sin más infantes que puedan apreciarlo.

Es irónico que una institución de esta índole venda salud cuando al mismo tiempo se deslinda de su responsabilidad. A fin de cuentas, sólo es naturaleza, pues ¿a quién le importa respirar menos oxígeno y la vida de unas cuantas aves?
Elena recuerda las instalaciones del actual edificio del Centro de Salud, ahí nació ella cuando el ISSSTE daba atención a los derechohabientes; además, los primeros 7 años de vida asistía con frecuencia a emergencias o a veces tenían que internarla para recibir oxígeno. En el día disfrutaba subir de la mano de mamá el cerro de cemento, ver las ambulancias pasar, oler a medicina y a antisépticos. Lo que más gozaba era llegar a la sala de espera, ya que inquieta veía a los pacientes, imaginaba historias o las escuchaba. Al crecer no tuvo más ISSSTE, pero volvió para recibir el cuerpo de un amigo muerto.



Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
17 de febrero de 2011
Manzanillo,Colima, México

jueves, 10 de febrero de 2011

Estampa de Lázaro Cárdenas



Karla espera que pronto termine la cocinera de prepararle las tortas para abordar el autobús. En silencio se pregunta: “¿Por qué la gente es lenta cuando uno trae prisa?”. Diez minutos antes del abordaje mira a la mujer cortar con delicadeza los trozos de piña, parte a la mitad las teleras, las coloca sobre la plancha caliente, abre el frasco de la mayonesa, mete la cuchara de madera, saca la mezcla de huevo, la unta en los panes, sigue el ritual del orden con los demás ingredientes: queso, jamón, lechuga, aguacate, chile jalapeño y la fruta amarilla.
Lázaro Cárdenas es uno de los 113 municipios de Michoacán. Toma su nombre del expresidente de la República mexicana (1934-1940), el general Lázaro Cárdenas del Río.

Hace menos de una década el movimiento portuario en Lázaro Cárdenas fue el punto de apertura de nuevos empleos. El puerto requirió personal calificado. Hubo ofertas laborales para los manzanillenses. Algunos costeños partieron sin problema por el gusto de explorar otros rumbos, aunque no fue lo mismo para quienes no tuvieron la opción de negativa, pues aceptaban o perderían su trabajo.

En el radiopasillo de las oficinas colimenses corría el rumor de que los lazareños creían que los visitantes les quitarían las fuentes de empleo; en cambio, éstos decían que la gente local era muy floja y no sabía nada.

Todo inicio es un proceso de aprendizaje y acoplamiento. En la actualidad, los michoacanos y los manzanillenses trabajan en conjunto. Los exportadores e importadores tienen dos buenas alternativas para el manejo de sus cargas vía marítima en el Pacífico Mexicano.

El puerto de Lázaro Cárdenas recibe buques de última generación, es decir, con gran capacidad de portacontenedores. En 2010 arribó el buque Taikung con 8 mil 500 teus. Además posee excelentes oportunidades logísticas: tiene un corredor ferroviario que lo enlaza directamente con Estados Unidos y una carretera que lo conecta al interior del país.

La ciudad es un Manzanillo de hace 20 años, polvorienta y desértica. Existen dos plazas comerciales, El Zirahuén, y Tabachines. Detrás de la primera plaza contigua al hotel Casa Blanca está La Fragua, café gourmet y, en la segunda plaza, El Aroma, abierto después de las 6 de la tarde; hay cinco cines independientes: Flamingos, Cine War, Cine Aconcagua, Cine Latino y Cinemas Tikal; el boulevard Las Palmas es la arteria principal del lugar, lleva al Palacio Municipal; las combis y los microbuses son el medio de transporte colectivo. Hay fayuca al descaro, venta de ropa y elotes asados en las calles; la plaza pública La Pérgola –el jardín o kiosco– dista mucho de ser un atractivo provinciano porque está cubierto de telas y lonas de vendedores semifijos ambulantes, que serán reubicados en un edificio sin construir, donde yace la biblioteca pública “Álvaro Obregón”, ésta también será reubicada. Frente al hotel NH Lázaro Cárdenas, hay una glorieta enorme con dos fuentes pequeñas de cantera, las luminarias y el pasto sirven de fondo para la fotografía de los recién casados.

Los convoyes militares hacen sus rondines por el boulevard. La seguridad es controlada por los mismos delincuentes, la tarifa mensual de 2 mil pesos ofrece protección a los locatarios, y aunque los lugareños vistan sencillo no les sorprende leer en la prensa notas rojas ni ver la imagen de un hombre bañado en sangre con los sesos al descubierto.

La estampa de Lázaro Cárdenas, Michoacán, cambiará no sólo por el mejoramiento de las carreteras, ni por las playas hermosas que conducen a ella, menos por la cantidad de muertos que aparezcan al día, sino por el monstruo portuario que llegará a ser. Entonces los manzanillenses querrán radicar allá, pero los lazareños no ocuparán más de su experiencia.


En la lámina de metal la telera se dora, el queso pierde su cuerpo y el aguacate la consistencia. La cocinera toma la mitad de los panes, los coloca en la cima y envuelve las tortas en papel. Karla recibe el alimento, da las gracias, se marcha con la ilusión de que estén sabrosas y pueda alcanzar el camión de las 13:30 horas de Lázaro Cárdenas a Manzanillo.



Elsa I. González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
10 de diciembre de 2011
Éste texto sufrió algunas modificaciones.
Manzanillo, Colima, México

jueves, 3 de febrero de 2011

Un lunes diferente




En invierno me resisto a dormir en mi recámara cuando es más fría que la sala, a dejar de tomar café, ir los domingos a misa y olvidar al amor que ya partió. Rechazo que las primeras líneas de este texto nazcan en papel virtual, por eso intento escribir sobre el cuaderno de rayas con bolígrafo de tinta roja. Ojalá mi inconsciente no imite estilos, si lo hace, que sea de alguien que tiene gracia; si no logro nada, sólo será algo diferente.

Ocurre a veces que estás frente al papel o al monitor de la computadora dispuesto a crear palabras que pudieran resultar interesantes, surge la emoción por compartirlas, las ideas revolotean en el pensamiento, pero los lugares comunes, las muletillas, faltas de ortografía y mala redacción, están ausentes. La página queda virgen por horas, en espera que esculpan garabatos sobre él.

Hoy para mí es un día de ésos, martes de sequía cerebral. Para colmo, empieza a doler la cabeza. Pongo la palma de la mano en mi frente, trato de equilibrar las energías de mis dos hemisferios. Tengo frío. Voy por el suéter largo de siete botones, cubro mi pecho. Miro la hora en el reloj, a las 4 de la tarde debo tomar las pastillas que el médico recetó, “infección en la garganta”, diagnosticó. Soy delicada de los bronquios, aunque la semana pasada no importó, tomé coñac con hielo en plena desnudez de la luna.
Ayer fui a la Colima luego de llegar de Coquimatlán. El cielo estaba limpio a diferencia de Manzanillo, donde amaneció con un velo sucio; por supuesto que vi los volcanes, lucían hermosos.

En la avenida Madero le marqué por teléfono al amigo colimense para cuestionar sobre la ubicación del banco de logotipo rojo, él respondió: “Casi estoy seguro que en la avenida Felipe Sevilla del Río hay uno y parece que en el centro también”.
Para mí, parecer y creer es sinónimo de ignorancia. Decidí buscar la institución bancaria en el centro, no perdía nada, ya estaba ahí. Caminé hacia el jardín Núñez, por sorpresa algo llamó mi atención: un automóvil estacionado cerca de un hotel, quise distinguir el número de placas, pero la miopía y astigmatismo no lo permitieron.

A corta distancia quise ver el número de placas del carro que suponía era de mi examor, de todos modos no las recordaba y el adorno en retrovisor no era el que él tenía. Minutos después la cordura volvió. Reí por el impulso. Fue curioso, atrás de mí el banco de logotipo rojo estaba ahí. Entré al local, cambié el cheque que en días pasados perdí, al terminar salí. Caminé en busca de la Calzada Galván sin saber cuántas calles debía subir. Fue en la calle Emilio Carranza en la entrada de una casa, el rotulo decía “Bazar de antigüedades”.

Sin titubear me introduje. La recepción la dio el teléfono de metal con disco para marcar los números y cuerda de fibras de hilo; dos relojes cucús de madera sobre la pared de apenas treinta centímetros, la mujer del negocio comentó: “Es original, viene de Alemania, trae su instructivo, debe servir es cuestión de enviarlo a arreglar. Puedo hacerte una rebaja especial o apartarlo con anticipo”; en el muro del lado derecho se asomaron pinturas de escasez belleza, una consola, maleta de madera, abrigos de los años setenta; en el segundo cuarto habían utensilios de cocina en la mesa, cucharas, juegos de té, cafeteras de metal o barro, cubiertas de cerámica; al fondo el molino lleno de óxido y otros fierros que no distinguí; en la tercera división, la silla con respaldo textil y cuerpo de pino robaban gran parte del pequeño espacio, el espejo largo de marco de latón lucía bien y el último rincón del bazar dos cámaras polaroid, cajas artesanales, portarretratos, pero lo más valioso fue ver una máquina de escribir de los años cuarenta en su estuche de piel, teclado limpio y sobre el rodillo un pedazo de papel con el nombre de la dueña del negocio: “Ésta cuesta 3 mil pesos. Llévesela, mire que ya tiene tres posibles clientes”. Ganas no faltaban de comprarla, al contrario, lamenté no hacerlo antes de que fuera tarde. Salí del bazar más antigua de como entré. Le dije a la mujer que le mandaría a mi hermano filatélico y numismático.

Seguí el rumbo hasta encontrar las aceras que conectan la Calzada Galván para llegar a la Secretaría de Cultura. Arribé a la oficina. Esperé varios minutos la firma en mi reporte trimestral, no tuve éxito. En absoluto no me molesté porque para mí fue un día diferente hasta al anochecer.




Elsa I. González Cárdenas



Publicado en el Diario de Colima



03 de febrero de 2010



Manzanillo, Colima



jueves, 27 de enero de 2011

Chicos de hoy


A Carmen, Dalia, Karina, Yamina y Valeria.



En los años noventa, Carmela, Daly, La China y Yamis no alcanzaban los veinte años de edad cuando salían los viernes a la discoteca del Hotel Maeva, la Boom Boom. A Daly sus padres le facilitaban el automóvil, modelo Shadow. En él iban a la discoteca de boga. No cualquier persona podría acceder, una porque los guardias de la disco elegían a sus clientes, y segunda, el boleto de la entrada era caro.

Los viernes por la noche, dos de las cuatro amigas se turnaban para esconderse en la cajuela del automóvil e ingresar al hotel.
Una vez pasada la entrada del inmueble salían del enclaustro cada una con pulsera fosforescente –pases de la semana anterior–; el resto debía comprar su boleto.

El lunes en la preparatoria, alegres contaban la aventura a otra amiga que raras veces sus padres le daban permiso para salir. Las cinco jóvenes solían estar juntas en el receso de la escuela; a la hora de la salida, por la tarde, al hacer tareas u otras actividades. Cuando surgían los problemas entre ellas, el quinteto los liberaba en una junta con el nombre del juego “esqueletos al descubierto”. A pesar de las diferencias, estaban hermanadas. Si se embriagaban en las fiestas procuraban cuidarse. Nunca estaban solas, era un pacto de amistad muy fuerte.

En Manzanillo, en 2003, el terreno baldío contiguo al Hotel Marbella lo convirtieron en El Quijote, una nueva modalidad de diversión para los jóvenes y viejos jóvenes. La cuota de admisión incluía el ingreso de tu automóvil y el derecho a tomar cervezas gratis. El lugar ni por accidente tenía suficientes luminarias, bien podrían suscitarse actos delictivos, tanto sexuales como la venta de drogas.
Los locales improvisados con venta de botanas y alcohol, contaban con mesas de billar, barra de madera y baños insuficientes. Algunas clientas vestían sin pudor escotes pronunciados y minifaldas arriba de la media pierna. Las bocinas de los carros retumbaban al son de la música de banda, grupera, pop y baladas.


Poco después de las dos de la mañana los policías municipales se encargaban de retirar a la gente. El Quijote quedaba desierto. Fuera de él, las banquetas del bulevar eran pasillos de diversión. Las personas más prudentes se alejaban del lugar para ir a casas particulares a seguir la convivencia, otras preferían los malecones o miradores de las playas. El apogeo de El Quijote pasó hasta perecer.Después, en los terrenos de la pulga-tianguis de segunda mano- nació el chelódromo frente al Complejo Administrativo. El proyecto no duró mucho, murió. En 2009 intentaron igualar la demanda con la apertura de un chupódromo cerca del Hotel Fiesta Mexicana, pero los jóvenes ya tenían la costumbre de disfrutar en las banquetas del bulevar, los miradores y las barritas –espacio donde venden cervezas para llevar–; lo cerraron antes de concluir el año.

Las tiendas de autoservicio de cada esquina proveen bebidas alcohólicas, condones y cigarrillos; los dos restaurantes de tacos baratos permanecen abiertos hasta las cinco de la mañana; los bares de moda cierran sus puertas de dos o tres de la madrugada; los antros de siete colores junto con los tables dance poseen horario más amplio.

La vida nocturna en el puerto tiene más movimiento debido al crecimiento poblacional. Los jóvenes optan por beber en las calles en lugar de pagar el consumo de bebidas en un bar, aunado a esto, los padres de familia no instruyen a sus hijos en cómo cuidarse. Creen erróneamente que mantenerlos, darles educación y dinero es suficiente. Mientras la mentalidad no cambie, la sociedad continuará sufriendo las consecuencias: accidentes automovilísticos, consumo de drogas, pastilla de emergencia del día siguiente, abortos, embarazos no deseados, exponerse a posibles balaceras callejeras, y para colmo, lidiar con encapuchados prepotentes.

Las generaciones de muchachos evolucionan impresionantemente. Ahora las adolescentes posan frente a la cámara fotográfica o de video con gestos sensuales, suben las imágenes a las redes sociales sin tener la más mínima idea de las reacciones que pudieran provocarles a los hombres.

Es importante que los padres de familia y el gobierno en sus tres niveles hagan campañas de prevención para que los jóvenes sean conscientes de sus actos, tengan madurez en decidir, también que impartan talleres gratuitos con personas especializadas en el área, donde puedan descubrir y desarrollar habilidades; inculcarles que se quieran un poco, seleccionen qué compañías tener, elijan con moderación cuánto alcohol tomar, en dónde y con quién. La prohibición no es la solución, al contrario, es un reto tentativo que ningún muchacho perderá la oportunidad de vencer.

El quinteto de amigas, ahora treintonas, hace lo posible por mantener la amistad pese a la distancia y ocupaciones. Desean que sus hijos puedan encontrar a un grupo de amigos como el que tuvieron, donde la diversión pecaba de sana.



Elsa I.González Cárdenas
Publicado en el Diario de Colima
Éste texto tiene modificaciones

27 de enero de 2011
Manzanillo, Colima, México
Foto: blog : non perfect